¿Se han preguntado por qué pueden estar bien y sonreír a todo el mundo, pero cuando aparece un problema o están enojados se desquitan con las personas que más quieren? 

Es importante entender y diferenciar el amor y los sentimientos, ya que son dos cosas completamente diferentes.

Cuando amas realmente hay incondicionalidad, deseas que la otra persona sea feliz, que esté bien sin importar que tú estés bien o que respondan a tus expectativas. Esto implica que el otro no necesariamente coincida con tu zona de confort ni con tus gustos ni tus ideas. 

El amor es querer el bien del otro por encima de todo lo demás, del sí o del no, de aceptar o rechazar, de que esté contigo o no.

Por otro lado, el sentimiento se trata de ti, de que la otra persona cumpla tus expectativas, de que te haga sentir bien. Al no entender el propósito de la vida, caemos en un error con el cual todos nos podemos identificar.

El hecho de que te preocupes y sufras por lo que le puede pasar a las personas que  quieres, te provoca angustia y entonces pierdes la paz. Aquí es donde entra la cantaleta, la prohibición, la imposición, el no hagas esto, no salgas… En pocas palabras no hagas nada que me haga perder mi tranquilidad. 

Eso afecta cualquier tipo de relación. Te puedes engañar creyendo que lo haces por el bien de la otra persona, pero eso no es amarla.

Justamente a las personas a las que más prohibimos, castigamos, criticamos y juzgamos son a las que más queremos, por las que más sufrimos y más nos preocupamos. No entendemos que al preocuparnos no estamos confiando en su capacidad de enfrentar retos. 

Sufrimos porque pensamos que no están actuando correctamente como si nosotros supiéramos la verdad absoluta y eso es no respetar el proceso del otro y no entender que en sus decisiones está un propósito, que es tan válido como el tuyo y que detrás de sus experiencias o de las dificultades de su vida viene la lección que necesita para evolucionar. 

Si no entendemos que todo tiene un propósito, nuestra preocupación continúa pues tememos que el otro experimente dificultades entonces, desde nuestro miedo, criticamos y juzgamos y eso inmediatamente daña la relación.

Para lograr amar incondicionalmente a una persona es indispensable tener paz interior, ésa es la piedra angular de nuestro desarrollo interno, ésta nace de la confianza de que todo está bien. Hay que desarrollar suficiente fuerza interior para poder vivir con tranquilidad. Al admitir que todo sucede por un bien mayor, lo que sucede en el mundo no me afecta directamente y no acaba con mi paz. 

Solo desde la paz  puedo ser incondicional en mis relaciones de amor. Es necesario comprender que estamos en un mundo y una realidad donde venimos a aprender. 

No seremos felices solo porque lo deseamos, porque querer no es poder. Se necesita aprender a ser felices, aprender a mantener paz interior, aprender a ser incondicional. Querer no es poder. ¡Saber es poder! Si realmente quieres la felicidad de los demás entonces ámalos y acéptalos sin condiciones.

“Te amo por lo que eres, por lo que haces, por lo que piensas y por estar comigo sin importar si cambias de parecer, si difieres de mí o si decides tomar otro camino”. ¿Amas así? Entonces amas de verdad.