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Opinión

Yo aquí les pregunto, no, no que hubieran echo ustedes. Sí no que ¿de verdad creyeron que sí el dedazo llevaba camuflaje, es decir, traía una especie de bendición de los militares, hasta ahí se iba a quedar su participación en este periodo político-electoral?

Pues no. Y tampoco es de sorprenderse, no ante el atractivamente mediático e incendiario planteamiento de Andrés Manuel López Obrador de darle amnistía a la delincuencia organizada. Ahora bien, creo en la institucionalidad e indudable patriotismo de nuestras fuerzas armadas, pero cuando se les otorga un papel civil de semejante envergadura, es pero natural que su rol se politice. Sobre todo en las condiciones de arbitrariedad legal y operativa sobre las cuales han estado actuando en la última década.

Los dos máximos representantes de los sectores militares cerraron filas en torno a las declaraciones de AMLO y la amnistía. El secretario de la defensa dijo que seria un “gravísimo error” y el de marina aseguro que “no había forma de que eso fuera a suceder”.

Pero no debemos equivocarnos, por toda la institucionalidad de nuestros hombres y mujeres en uniforme, en su ADN está el gen político. Bien dijo el famoso teórico militar prusiano, Carl Von Clausewitz, que la guerra era una extensión de la política, lo mismo para quienes la ejercen. Por  tanto, el cañonazo disparado por los dos jefes militares va más allá de la hipótesis de la amnistía que ya se ha intentado en otros países  – sin éxito- como Colombia.

De entrada, se trata de una negativa a lo que el líder de Morena representa. Y para ellos, al menos en este periodo primario de pre contienda electoral, es incertidumbre. Por otro lado, eso no significa que estén completamente de acuerdo con las posiciones de los demás aspirantes presidenciales, como Meade.

Es más, no significa –necesariamente y teóricamente hablando- que estén en completo desacuerdo con la hipótesis de la amnistía. Porque el diablo está en los detalles. Es decir, el cómo, cuándo y bajo que circunstancias operativas se podría dar es un debate que requiere seriedad y profundidad. El mismo almirante Soberón dijo que el planteamiento era simplista y el tema era mucho más complejo.

El planteamiento en seco, como lo hizo López Obrador, trae chanfle.

Primero, porque sabe que todas las guerras pueden ser conciliatorias, sobre todo las que más costo político, económico y social tienen. Segundo, por qué, no es algo que un militar mexicano no haya contemplado, aconsejado  o incluso ejecutado en una micro escala a manera de estrategia para darle un respiro político-mediático a su jefe supremo.

Y tercero, porque AMLO logró su objetivo, que fue quitarle el reflector a su más próximo contrincante, José Antonio Meade, generando el ruido mediático necesario para volverlo a posicionar, sembrando en el núcleo social el debate de las ideas, ante el hartazgo sobre la inseguridad.

La duda, idea o semilla que pretende florezca cómo solución al mayor lastre de México, que es la inseguridad, ha sido insertada en el psiquis de todos, incluyendo el militar. No es secreto a voces, que como dijo el general norteamericano George C. Marshall, los más escépticos de la guerra son los militares, las palomas más blancas portan uniforme, porque conocen los costos de la guerra. Sobre todo, en el contexto mexicano, que quienes gasta, se desgastan, se enfrentan y mueren son ellos, y aún así se llevan la peor opinión de la sociedad. El sector de la defensa de México, bien podría estar invirtiendo agresivamente en programas para incrementar las capacidades de defensa. Bien podrían tener mayor injerencia en asuntos regionales. Pero no, ahí están con hambre, cansados y aburridos. Y eso si que es peligroso. Por tanto que a nadie le extrañe que de pronto -o ni tanto- los jefes militares se vuelvan muy vocales sobre algunos aspectos. Porque si sus pares civiles, sea quien sea, pero especialmente AMLO no encuentran una solución alternativa al modelo de seguridad publica, nacional y social, que nadie se sorprenda que los militares participen más en el debate político y terminen realizando posicionamientos sobre temas geopolíticos, entre otros.

Este primer rugir de los cañones es tan sólo la primera llamada de atención o el primer mensaje de los militares en lo que concierne al ciclo electoral del 2018. El dedazo, sólo fue para calentar. Al tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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