Estamos por llegar a la décima edición del famoso Buen Fin, que más bien ahora será Buena Quincena (casi) ya que se efectuará durante doce días. Mucho se ha escrito y hablado al respecto de esta campaña comercial. Lo cierto es que efectivamente existe una derrama económica muy importante y podemos decir que hasta desenfreno en más de una persona.

Nace como una burda copia de lo que en Estados Unidos se conoce como el “Black Friday”. Nunca he asistido a uno de estos eventos, pero gente que ha vivido en el vecino país del norte me platica que en realidad son ofertas extraordinariamente buenas y no simples promociones fantasma.

Ahora bien, no estoy en contra de lo que ocurre en estos días sino de que, en primer lugar, nos engañen con descuentos inexistentes y, en segundo lugar, que la gente crea que debe aprovechar esta oportunidad como si el mundo se fuera a acabar de repente.

Se ha documentado muchas veces, y todos lo sabemos perfectamente, que algunas tiendas alteran los precios al alza para después sorprendernos con unas gangas de “me la llevo…”, cuando lo que realmente sucede es que utilizan la fragilidad de la mente humana ante mensajes publicitarios que excitan las neuronas de la compra y por ende el trastorno obsesivo compulsivo de estrenar.

Aquí les platicare de un pariente muy cercano que en muchas ocasiones adquiere productos inservibles. Una vez fui a su casa y me presumió una máquina para elaborar algodones de azúcar. Le pregunté si era fanático de esta golosina a lo que me contestó, para mi sorpresa, que no. Intrigado inquirí: entonces “¿por qué la compraste?, a lo que contestó con voz firme: “pues muy sencillo, ¡estaba de oferta!”.

Esta anécdota muestra el sentir de mucha gente, el cual se recrudece en épocas como la del Buen Fin, así que debemos reflexionar sinceramente y conversar con los más allegados para decidir si vamos a comprar algún producto o a contratar servicios en esta temporada.

Si la respuesta es afirmativa te recomiendo que hagas la tarea y compares precios, productos y servicios para en verdad sacarle provecho a ofertas y promociones reales. No olvidemos la situación sanitaria y económica que aqueja el mundo y que no se va a solucionar en muchos meses más. No compres por impulso, por moda o por costumbre.

Mesura es la palabra clave en estos momentos.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.