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Opinión

Los premios Oscar, la máxima ceremonia del cine ampliamente reconocida a nivel mundial, busca reinventarse, pero pensando en satisfacer al televidente más que a quienes integran la producción fílmica y esto deja mucho que desear en el futuro del séptimo arte. Parece ser que entonces puede más el poder del público en general, que el de quienes toman enserio al cine.

Grandes esfuerzos se han hecho en el pasado por acortar el tiempo de transmisión de la ceremonia, desde, oficialmente, en 2010 instaurar que los discursos de agradecimiento sean de 45 segundos, hasta regalar una moto acuática este 2018 al pronunciamiento más corto al ganar un Oscar, pero aun así, los galardonados persisten en sus palabras de gratificación.

A partir del 2019 no habrá vuelta de hoja para la transmisión, será apegarse a tres horas reglamentarias porque el rating televisivo de este 2018 fue el peor en 10 años, siendo de 32 millones de espectadores, 11 millones menos que el de 2014 cuando Ellen DeGeneres impulsó la gala hollywoodense con momentos clásicos como la selfie más propagada en Twitter o cuando ordenó pizza para las celebridades fílmicas.

El pronunciamiento por parte de la Academia es claro y firme, al público en general ya no le interesa sentarse a ver los premios Oscar, por lo tanto solamente se transmitirán en vivo las categorías principales.

¿Dónde quedamos los que realmente veíamos la premiación como si fuese el Súper Bowl del entretenimiento? Ahora hay que complacer a las masas o mejor dicho, seguirlas complaciendo a como de lugar para ganar rating.

Porque no siendo suficiente la Academia agrega la categoría Mejor Película Popular y aunque todavía no se revelan los procedimientos para aspirar a esta nominación, el título ya deja ver hacia dónde va este galardón.

¿Qué acaso no existen los MTV Movie Awards para eso? ¿Para satisfacer al público superfluo que no se dedica a ver lo mejor del cine estadounidense? ¿En serio hay que darle Oscares a futuro a películas de acción o comedia que sólo son recordadas por la fugacidad de su estrellato en taquilla?

Me queda claro que los Oscar son premios donde importa el glamour y la pose, el problema aquí es que son un ejemplo a seguir en el resto de la industria fílmica ¿Será afectada su credibilidad por estas decisiones?

Queda de consuelo que en Sundance, Cannes, Locarno, Venecia, la Berlinale y San Sebastián seguirán premiando lo mejor del cine y no los caprichos del cinéfilo común.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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