¿Como país deberíamos estar preocupados por la caída en el precio del petróleo? No necesariamente.

Hoy en día, las ansiedades abundan.

Debido al reajuste abrupto en el precio del petróleo y los renovados miedos sobre la falta de gobernanza en el país, la reforma energética quizá no será la estrella de inversión que tanto necesita la administración federal. 

Pero el reajuste en el precio de los energéticos no tiene porqué ser devastador para el futuro del país. 

La reforma energética ha significado un fracaso ante las expectativas de crecimiento e inversión que se tenían depositadas sobre ella. 

Sin embargo, esto obliga a la administración federal a dar resultados en una gama más amplia de industrias. 

Es decir, si bien para el gobierno la forma más sencilla de generar crecimiento en el corto plazo es enfocando sus esfuerzos en una o dos industrias, la ausencia de cualquier catalizador externo en el 2015 significa que no habrá mucho margen para evadir los grandes programas. 

El Estado de Derecho, un sistema fiscal justo y una educación de clase mundial, de pronto se vuelven los únicos instrumentos que garanticen prosperidad y desarrollo.  

Si cualquier partido quiere presumir crecimiento y tener oportunidad de ganar otra elección, una reforma no bastará.

Esto, en turno, garantiza al menos más atención a los problemas estructurales como la inseguridad y baja productividad.

En el largo plazo, menos dependencia en algunas industrias nos beneficiará a todos, pues resulta sencillo observar que una economía altamente diversificada, como es el caso de la estadounidense, tiene alta resistencia al cambio y es capaz de innovar para mantenerse adelante del resto. 

Las economías que han optado por escoger campeones industriales pueden ver buenos resultados en el corto plazo, como China e incluso Rusia, pero en el largo plazo siempre serán más débiles. 

Por otro lado, a pesar del shock inicial, el escenario actual tampoco es del todo malo para el corto plazo. 

Los menores gastos en gasolina y energía en Estados Unidos funcionarán como un pequeño estímulo, impulsando el consumo de bienes que exportamos hacia nuestros vecinos.

Nuestra base manufacturera, con una demanda creciente, una renovada competitividad y un tipo de cambio depreciado tiene todo para florecer en este ambiente.

Aunque parezca un tema difícil de sortear, tal vez la mala suerte con una de las reformas mas esperadas del año nos beneficiará en el futuro. Como bien dicen, al mal tiempo buena cara.

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