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Opinión

Hay una nebulosa idea en el interior de cada persona sobre lo que realmente quiere y en cambio prefiere acomodarse a las circunstancias a través del auto engaño.

Si esto ocurre en ese complejo sistema individual, el asunto se pone aún más difícil cuando se trata de realizar cambios en las instituciones. No hay manera de que vean sus fallas internas si solo analizan los mismos que están provocando el desastre. La tendencia natural es la auto complacencia. 

Lo mejor es tomar distancia del campo de batalla, para mirar out of the box las causas más profundas de la crisis sistémica. Pero más aún, se requiere un punto de vista externo, fuera de las pasiones que convergen en la lucha por el control del organismo. 

Por todo ello, se antoja muy difícil que los mismos que llevaron al PAN a su derrota puedan ver o descubrir sus fallas. Normalmente tendemos a cubrir en una capa de miedo lo que no nos gusta y le damos la vuelta. Filtramos la realidad para sobrevivir, pero si no hay terapia, como en las adicciones humanas, el mal se agrava hasta terminar con la vida del individuo o la de la organización.

Matar la esperanza

Poco se ha explorado el nivel de decepción de los mexicanos que creyeron un cambio posible para México. Mientras que los jóvenes del 2000 votaron por Vicente Fox, esos mismos abandonaron al PAN en el 2012. Uno de los saldos más graves del PAN en la Presidencia es que han matado la esperanza de esa generación. Eso no se evalúa en términos sociológicos o estadísticos pero, en los hechos, terminaron con las ilusiones de transformar a este país.

¿Para qué participar si todos son iguales? Sería la gran exclamación de esta generación sin esperanza. Y eso germinó una vacuna para el resurgimiento del Partido Revolucionario Institucional. 

En el mundo los que sobreviven son los que tienen mejor capacidad de adaptación. En eso el PRI ha sido un gran maestro. Lo mismo convivieron con los discursos de derecha y los de izquierda en los mensajes del siglo 2O provenientes de la Guerra Fría. No solo sobrevivió el PRI a las ideologías del siglo pasado, sino que logró vacunarse para salir más fuerte con un discurso pragmático, que combina  la idea de apoyar en lo inmediato las necesidades de los más pobres y, al mismo tiempo, vender la eficacia de los que “sí saben jugar en el poder”. 

Ahora el PRI tiene el reto de mostrar si se adapta a otra nueva era, en el siglo 21. Su sistema es fascinante, sus profesionales del poder se preparan desde temprano en entender la cultura de los grupos que conforman México, en forma empírica y en la vida real, experimentan sobre los intereses de sectores y personas. 

Hay una combinación de eficacia y de comprensión de lo inmediato, nunca hablarían de la “brega de eternidad”. El tema para ellos es el hoy y aquí. Por eso el triunfo de su reino se basa en su capacidad de adaptación y el pragmatismo para mantenerse en el poder. O como diría aquel mítico filósofo de Güemez: “En política como los frijoles de olla, arriba o abajo, pero todos adentro”.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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