Posiblemente, la primera película que se atrevió a hacer parodia del cine de acción y las franquicias alrededor de este género fue El último héroe de acción, que se estrenó hace casi 30 años. Con este largometraje se abrió la idea de que el público disfruta al por mayor de este cine, cuando tiene tintes de comedia.

Decenas de producciones han sacado jugo de este tipo de sátira, solo por mencionar algunas están Machete (2010) y Machete kills (2013), de Robert Rodriguez; Una guerra de película (2008), dirigida por Ben Stiller y por la que Robert Downey Jr. alcanzó una nominación al Oscar a Mejor Actor de Reparto, porque interpreta a su vez a otro histrión australiano caucásico que está tan comprometido con sus papeles, al grado que se pigmenta la piel para pasar por afrodescendiente (Sí, en este momento tienen cara de ‘What?’, así es, ese es el propósito de esta cinta) y, bueno, el listado continúa.

Más recientemente llegó La ciudad perdida, con Sandra Bullock, Channing Tatum y una breve aparición de Brad Pitt, en la que se busca hacer burla de los best sellers románticos (dígase la autora Danielle Steel o E.L. James) y la parafernalia que hay alrededor de estas novelas, pero con un toque de acción al estilo Indiana Jones.

Pero, sin duda, la que llegó para arrasar y mofarse sin límites del género hollywoodense inmortalizado por Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone es El peso del talento, que es protagonizada por Nicolas Cage y actúa de… Nicolas Cage (Sí, así es, exprésese un doble ‘What?! en este momento).

Esto no solo es una autoparodia, ¡es una meta ficción! porque Cage se encuentra en sus momentos de soledad en la cinta, a su propia versión juvenil, basada en el rol de Sailor Ripley, de Salvaje del corazón (1990). Este alter ego lo confronta como su voz de conciencia; se hace referencia a sus cintas del pasado, cuadro por cuadro copiadas a calca, como cuando su personaje Ben Sanderson, de Adiós a Las Vegas (1995), cae en la alberca alcoholizado y lo saca Sera (Elizabeth Shue); esto sólo es parte de la diversión que llega a raudales.

La premisa de El peso del talento es sencilla: Cage es un actor que está viciado de sus papeles, que ya no desea actuar más e inesperadamente recibe una oferta que le ayudará a solventar sus problemas económicos, hacer una aparición en una fiesta de cumpleaños, por la que recibirá un millón de dólares, pero su anfitrión Javi Gutiérrez (Pedro Pascal) es un hombre con negocios de alto valor económico en España y también de procedencia misteriosa.

En una escena en la que Cage está en la residencia de Gutiérrez, en España, indagando en una misión secreta para la CIA, se desmaya y no logra seguir las indicaciones que le dictan por el auricular en su oído, por último, los agentes intentan una estrategia inesperada: le gritan “¡Acción!”, como si iniciara una secuencia de película y él recobra la conciencia.

¿Acaso se puede ser más irreverente?

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