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Winter is coming

Carlos Salazar

Robert Mueller, fiscal especial encargado de la trama rusa, ha dado un duro golpe a la administración de Donald Trump al acusar al exjefe de la campaña presidencial, Paul Manafort, por el cargo de ‘conspiración contra los EU’; su investigación sigue los posibles vínculos de los más allegados al presidente con el Kremlin


Nov 1, 2017
Lectura 6 min
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La acusación por parte del FBI en contra de Paul Manafort, exjefe de la campaña presidencial de Donald Trump por ‘conspiración contra los Estados Unidos’, podría ser sólo el primer gran golpe del fiscal especial Robert Mueller relacionado con la trama rusa, el tema más incómodo para el inquilino de la Casa Blanca.

Mueller aún investiga los posibles vínculos de los más allegados a Trump, como su hijo Donald Jr y su yerno Jared Kushner -entre otros- con el Kremlin y su posible colusión durante las campañas presidenciales para atacar a la demócrata Hillary Clinton.

En los últimos días, el presidente de los Estados Unidos ha intentado descalificar la indagatoria de Muller, y es que el propio Trump también está siendo investigado por posible obstrucción a la justicia por el despido del exdirector del FBI, James Comey, tras negarse a cerrar las pesquisas sobre la trama rusa.

El fiscal especial parece haber puesto nervioso al presidente Trump, mientras el cerco comienza a estrecharse.

La investigación emprendida por Mueller, quien fue nombrado fiscal especial en mayo pasado, ha entrado en una nueva etapa con la imputación de cargos formales en contra del excolaborador de la campaña de Donald Trump y todo indica que va en serio.

Además, después de conocerse la acusación formal en contra de Manafort y su brazo derecho, Rick Gates, también se hizo público que George Papadopoulos, el asesor de política exterior de la campaña del presidente, se declaró culpable de mentir al FBI sobre su vínculo con el gobierno ruso durante la campaña presidencial.

La confesión de Papadopoulos aumenta aún más la sospecha de la colaboración entre el equipo de Trump con los rusos, pues el consejero ha admitido contactos con un profesor extranjero con presuntos vínculos con el Kremlin y que ofrecía información sobre Hillary Clinton mientras colaboraba en la campaña.

Aunque en las acusaciones por parte de Mueller en contra de Manafort y Gates no se hace una referencia directa al presidente Donald Trump ni se menciona explícitamente una presunta interferencia electoral por parte de Rusia, el asunto tendrá un impacto directo en la Casa Blanca.

La sombra del Rusiagate ha sido el conflicto que ha marcado los primeros meses de la presidencia de Trump, y los recientes acontecimientos podrían ser solo el preludio de lo que viene, una trama que podría perseguir a Trump durante su mandato, con las elecciones intermedias a un año de distancia.

En este momento nadie sabe el alcance que pueda tener la investigación de Mueller, y si estará dispuesto a llegar hasta el círculo más cercano de Trump o incluso hasta el propio presidente, quien por cierto ya ha contratado a un abogado que lo defienda en una hipotética investigación.

Pero, este movimiento por parte del Fiscal especial parece ser una clara señal de avance para poner presión a otros presuntos implicados en la trama, sobre todo si el FBI logra obtener la cooperación de los hoy acusados; nadie sabe hasta dónde puede llegar.

La sombra del Rusiagate ha sido el conflicto que ha marcado los primeros meses de la Presidencia de Trump, y los recientes acontecimientos podrían perseguirlo durante su mandato

¿Otro caso Comey?

Una de las grandes incógnitas es si Donald Trump permitirá que la investigación de Mueller llegue hasta sus últimas consecuencias o, como presuntamente ocurrió en el caso del exdirector del FBI James Comey, se decida a interferir de algún modo.

Algunos reportes de la prensa estadounidense, citando a fuentes de la Casa Blanca, aseguran que Trump ya había comentado con su primer círculo la posibilidad de cesar a Mueller argumentando una extralimitación en sus funciones, aunque el mandatario por supuesto lo ha negado públicamente.

“Robert Mueller no es uno de los mejores, es el mejor. No hay nadie mejor para seguir tenazmente un objetivo sin sucumbir a la presión”

- Philip Mudd

Analista de contraterrorismo

Sin embargo, con un mandato seriamente cuestionado e incapaz de haber sacado adelante sus principales promesas de campaña, y sobre todo con el antecedente de Comey, el margen de maniobra de Trump es reducido, y un despido del responsable de investigar la trama rusa sería políticamente contraproducente.

Además, diversos legisladores demócratas ya han advertido que, en caso de que la Casa Blanca intente obstaculizar la investigación de Mueller, el Congreso deberá garantizar la continuidad de la misma.

Aunque la posibilidad de un posible juicio de ‘impeachment’ o destitución en contra de Trump parece muy lejano, las implicaciones del Rusiagate sí podrían tener un efecto directo en contra de la presidencia de Trump.

En noviembre de 2018 se celebrarán las elecciones intermedias, vitales para la segunda mitad del mandato de 4 años de Trump, donde está en juego el control del legislativo. Si a Trump se le ha complicado imponer su agenda en el Congreso con mayoría republicana, si lo pierde, los demócratas se encargarán de hacer aún más difícil su administración.

El FBI tiene contra las cuerdas a Manafort, quien corre el riesgo de ser condenado hasta por 20 años solo por el delito de lavado de dinero. Papadopolous, acusado de mentir y entorpecer una investigación federal también se enfrenta a un delito grave.

Los investigadores podrían buscar la cooperación de los excolaboradores de Trump a cambio de un trato por una sentencia menor, lo que les permitiría seguir avanzando en la presunta red de colaboración, por lo que el desenlace de esta historia aún se vislumbra lejano y con posibilidades reales de llegar muy lejos, quizá hasta el propio presidente.

Fuentes de la Casa Blanca aseguran que Trump ha comentado la posibilidad de cesar a Mueller argumentando una extralimitación en sus funciones, pero su despido sería políticamente contraproducente

20 Años condena que podría recibir Manafort por el delito de lavado de dinero
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