“Por nuestra y su libertad”. Ese era el mensaje que Albert Archinov tenía en el cartel que cargaba cuando fue detenido en la Plaza Roja, en Moscú. Archinov formó parte de las protestas iniciadas ayer contra el último decreto del presidente Vladimir Putin, a través del cual se anunció el movimiento de 300 mil reservistas para luchar en Ucrania.

De acuerdo con el Comité de Defensa de la Duma Estatal, los primeros reclutamientos estarán conformados por civiles mayores de 27 años y hasta 45 que en el pasado hayan servido en las Fuerzas Armadas o tengan alguna especialidad militar.

Los nuevos combatientes se unirán a aquellos que ya estaban en la guerra y a quienes sus contratos ya iban a expirar próximamente. Es a estos últimos que el gobierno ruso les prolongó sus documentos de manera indefinida “hasta el final del periodo de movilización parcial”.

El anuncio del presidente Vladimir Putin se dio semanas después de que los militares ucranianos protagonizaran una contraofensiva en la ciudad de Járkov, en la región del Dombás, y en Jersón, al sur del país.

Luego de esos movimientos, Ucrania se quedó con el armamento que los rusos abandonaron tras su retirada, dándole al Estado europeo una mínima victoria desde que la invasión comenzó en febrero pasado.

“El ejército ucraniano a nivel de capacidades no es tan malo como se pensaba y con este armamento de primer nivel que está recibiendo (de la comunidad internacional) puede plantar cara a un ejército de primer orden como es el ejército ruso”, opina el maestro Eduardo Palacios Cabrera, miembro del Centro de Estudios de Países Post-soviéticos con sede en Moscú.

En entrevista, el también docente del Tecnológico de Monterrey detalla que desde su perspectiva la decisión del gobierno ruso de movilizar a civiles a la guerra no fue la más acertada, pues pudo optar por enviar más armamento de mayor calidad.

“En lugar de proveer a sus tropas de más armamento, de dotar de más apoyo aéreo, está enviando a humanos, infantería que nunca va a tener el nivel de entrenamiento de un soldado profesional”, agrega Palacios Cabrera.

Además, revela que al haber tomado Vladimir Putin esa decisión de llamar a pelear a civiles, demuestra que su ejército no está alcanzando los objetivos iniciales.

Cuando se dio a conocer el decreto del jefe de Estado ruso, diferentes personalidades internacionales lo calificaron como un signo de que estaba perdiendo la guerra.

Bridget A. Brink, embajadora de Estados Unidos en Ucrania, por ejemplo, compartió a  través de redes sociales que la movilización era “signo de debilidad, de fracaso ruso”.

El secretario de Defensa de Reino Unido, Ben Wallace, también señaló que la decisión de Vladimir Putin demostraba que su invasión estaba fracasando.

“Él y su ministro de Defensa han enviado a la muerte a decenas de miles de sus propios ciudadanos, mal equipados y mal dirigidos”, escribió a través de un comunicado.

En riesgo la figura de Vladimir Putin

Ante el decreto del presidente ruso, los vuelos que salían de Moscú y San Petesburgo se dispararon de precio o se agotaron.

Además, no sólo movimientos opositores como Vesná se manifestaron contra su figura e hicieron un llamado a la gente a alzarse en protestas, sino también sus opositores de años previos.

Al respecto, Palacios Cabrera detalla que es por el número de decesos que la popularidad del presidente podría en descenso, principalmente por lo que llegue a pensar la generación de adultos mayores.

“Pongámonos del lado de la población rusa: De repente a tu hermano, a tu pareja, lo van a llamara a la guerra. Eso va a tener un impacto social fortísimo como no se veía desde hace muchos años.

“Recordemos que todos estos reservistas que van a ir a pelear tienen padres que son personas de la mediana edad, tienen abuelos, familiares que en algún momento estaban apoyando a Vladimir Putin, pero que ahora podrían poner en prueba su patriotismo. Esa es la cruda verdad. Cuando empiecen a llegar los cuerpos de los fallecidos en combate, ¿qué tanto van a seguir apoyando a su presidente?”, destaca.

Se prevé que sea a partir de las protestas en contra del decreto del presidente hasta que los reservistas acudan a la guerra cuando se oficialice el nivel de desaprobación que vaya teniendo el mandatario ruso.

Mientras tanto, la comunidad internacional, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, seguirán respaldando la libertad de Ucrania a través del envío de mayor armamento y ayuda humanitaria.

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