El entretenimiento no se escapa de las disputas entre los países.

La serie “Homeland”, la película “Una Loca Entrevista” (The Interview) y la revista satírica francesa Charlie Hebdo han desatado una guerra cultural.

En reacción a los ataques terroristas de radicales a las oficinas del semanario Charlie Hebdo, el grupo Anonymous ha advertido que hackeará los sitios web con propaganda yihadista.

El presidente Francois Hollande ha denunciado que el ataque fue un atentado a la libertad de expresión, mientras que los partidos de extrema derecha, como el Frente Nacional, lo ven como el resultado del peligro que representan los musulmanes.

Por otro lado, Estados Unidos (EU) ha impuesto sanciones al régimen de Corea del Norte, al que acusa de ser el responsable del ciberataque a Sony y del boicot a la película “Una Loca Entrevista”.

Para Aurelio Collado, especialista en comunicación y globalización del Tecnológico de Monterrey, esto es el inicio de un círculo vicioso. 

“Hay una violencia que cuando se ejerce como venganza produce el círculo de la violencia. El problema aquí es la lectura de ‘¿qué fue primero: el huevo o la gallina?’, porque ellos están leyendo como una violencia (la burla)”, expone a Reporte Indigo.

El académico señala que los estadounidenses y los franceses no se intimidarán con las amenazas de guerra ni de atentados terroristas. 

“La libertad de expresión y los medios de comunicación son el pilar sobre el que están asentadas las democracias occidentales, entonces, si tú le pegas en una verdadera democracia a un medio de comunicación es gravísimo”.

Un pretexto más

Lady Stephanie Huerta Hernández, experta en resolución de conflictos, opina que los países utilizan a veces la difusión de estos mensajes como pretexto para reavivar sus conflictos, como en el caso de Corea del Norte.

“Creo que están aprovechando la situación de la película para así poder justificar acciones relacionadas a roces que hayan tenido en el pasado”, manifiesta.

“Digamos que ambos encontraron oportunidades para justificar sus actitudes en contra, tanto de uno y otro, la película sólo fue el chivo expiatorio”. 

Aun así, Huerta Hernández no ve algo extraordinario en las reacciones ocurridas. 

“Me parece algo totalmente normal, pero a la vez muy absurdo, pero bueno, estamos hablando de situaciones de interés tanto político como social”.