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Trump, el peor boss

Mariana Recamier

Trabajar en el gabinete de Trump no era una tarea fácil. El 34 por ciento de sus empleados se fueron el primer año de su mandato debido a la falta de aptitudes para cubrir sus cargos o por la presión de trabajar con uno de los presidentes más impopulares de Estados Unidos en la historia reciente


Feb 22, 2018
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Donald Trump valoró más la lealtad que las capacidades cuando eligió a los integrantes de su gabinete. Esta decisión se ve reflejada en que uno de cada tres de sus empleados se marchó antes del primer aniversario de su mandato. Esta cifra es la más alta registrada en las últimas décadas, a comparación de los cinco presidentes anteriores en Estados Unidos. La administración vivió un primer año marcado por el caos, desde el despido del jefe de gabinete hasta los constantes remplazos de su equipo de prensa.

El estudio “Why is Trump’s staff turnover higher than the 5 most recent presidents?” revela que Trump perdió el 34 por ciento de sus trabajadores durante el primer año. Este porcentaje de pérdidas es tres veces superior al de Barack Obama durante el mismo periodo y dos veces mayor al de Ronald Reagan.

De acuerdo a esta investigación realizada por Kathryn Dunn Tenpas, de las doce posiciones consideradas importantes para el presidente, sólo en cinco pertenecen las mismas personas que cuando asumió el cargo. El historial de deserciones y despidos en tan sólo un año incluye dos secretarios de prensa y dos asesores de seguridad nacional.

A estas rotaciones hay que sumar cinco personas que realizaron las tareas de director de comunicaciones, ya sea como titulares o interinos, el director de estrategia, el secretario de salud, dos jefes de personal y cambios en su equipo jurídico privado. También muchos asesores adjuntos en las diferentes oficinas se fueron antes de que terminara el primer año.

La mayor parte de quienes dejaron la administración de Trump pertenecían a cuatro dependencias: la oficina del jefe de gabinete, comunicaciones, prensa y el Consejo de Seguridad Nacional. Esto demuestra que dos de sus áreas más conflictivas en 2017 fueron la seguridad y la comunicación. Además, la partida de los dos puestos más altos dentro de la oficina del jefe de personal resultó en una reestructuración general después de que John Kelly llegó al trabajo.

Dunn Tenpas menciona en su estudio que no sólo cuando llega alguien nuevo a la dirección de personal hay cambios fuertes en la Casa Blanca. Afirma que cuando cualquiera en un cargo importante se va provoca un efecto dominó. Algunos o todos los que trabajaron de forma cercana con el miembro saliente también se van, voluntariamente o no.

Vacantes en la Casa Blanca

La diferencia del primer año de mandato de Trump a com paración de la administración de otros presidentes no sólo es el número de deserciones o despidos, sino que varios puestos importantes permanecen vacíos. Estas vacantes incluyen un subdirector en la Oficina de Administración y Presupuesto y el director de redacción de discursos.

Aunque Kathleen Hartnett White fue nominada el octubre pasado para presidir el Consejo de Calidad Ambiental, aún no ha sido confirmada. Además, nadie ha cubierto el puesto de director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas desde que Tom Marino retiró su nominación.

Por otra parte, el director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica nunca ha tenido ni siquiera un candidato desde que Trump llegó al poder. En las cinco administraciones anteriores, estos puestos se habían cubierto en junio del primer año.

Por presión y falta de experiencia

De acuerdo al estudio de Dunn Tenpas, una de las razones por la que los empleados de Trump se marcharon fue el enfoque del presidente en la lealtad por arriba de las capacidades al momento de seleccionar su gabinete. La falta de experiencia previa entre las filas de su personal directivo y el rendimiento deficiente provocó que muchos renunciaran y otros fueran despedidos.

También algunos empleados se fueron porque no soportaron la presión de trabajar con Trump. Reince Priebus, ex jefe de gabinete del presidente estadounidense, revela en The Gatekeepers, libro de Chris Whipple que se lanzará el próximo mes, el caos que vivió en la Casa Blanca durante los seis meses que duró en ese cargo.

Priebus asegura que los informes sobre el caos y la desorganización de la Casa Blanca se quedan cortos a comparación de lo que sucedía en su interior. El ex jefe de gabinete recuerda en este libro la llamada telefónica que Trump le hizo a las 6 de la mañana al día siguiente de su toma de posesión, en la que el presidente le exigió que rechazara la información que apuntaba que su investidura tuvo menos afluencia que la de Barack Obama. Ese mismo día despidió a Sean Spicer, el entonces secretario de prensa. ”La idea de que Trump iba a aceptar una estructura de personal inmediata y elaborada que regulara cada minuto de su vida nunca estuvo en la agenda”, dijo Priebus en una entre – vista sobre el libro.

Por otra parte, durante un episodio del programa Big Brother, Omarosa Manigault, la única asesora afroamericana cercana a Trump, quien fue destituida en diciembre de 2017, criticó el ambiente en la Casa Blanca. Entre lágrimas, la ex funcionaria afirmó que siempre tenía miedo de las publicaciones del presidente en Twitter y las re – percusiones que estas podrían tener.

Según el informe elaborado por Dunn Tenpas, retener a los miembros superiores del personal en el segundo año será una tarea aún más complicada. Los cinco predecesores de Trump experimentaron un gran repunte en la rotación de personal en su segundo año de mandato.

No obstante, el equipo del presidente está intentando remediar esta situación desde que empezó el 2018. El viernes 9 de febrero, la Casa Blanca anunció una serie de designaciones, sin embargo, de las 32 que se mencionaron la gran mayoría eran ascensos internos o cargos adicionales para miembros actuales del personal.

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