Cuatro personas murieron y 35 más resultaron heridas por la cadena de atentados que ha sufrido Tailandia en un lapso de 24 horas. Hasta el mediodía de este viernes ningún grupo se ha adjudicado la autoría de los ataques; sin embargo, las autoridades tailandesas sospechan del movimiento separatista al sur del país.

En total se han detonado 14 explosivos, algunos de ellos de manera simultánea, y tres más han sido desactivados por la policía. Los ataques fueron perpetrados principalmente en el centro y sur del territorio tailandés. Los objetivos de los atentados fueron centros turísticos en los que había una gran presencia de extranjeros.

Los atentados comenzaron la noche del jueves en un mercado de la provincia de Trang. Horas después se registró otra explosión en una de las avenidas más importantes de la ciudad de Hua Hin, a 150 kilómetros al sureste de Bangkok. Personas cercanas se aproximaron al lugar del atentado y en ese momento detonó un segundo artefacto.

Mientras que en la ciudad de Surat Thai, se presentaron dos explosiones frente a una comisaría. La ciudad costera de Phuket también registró una explosión y el viernes por la mañana se presentaron dos detonaciones más en la ciudad de Hua Hin.

Las cuatro personas que fallecieron eran ciudadanos tailandeses, mientras que entre los 35 heridos se encuentran cuatro alemanes, tres holandeses, dos italianos y un austriaco.

Las bombas son un intento de generar caos y confusión”, aseguró el primer ministro y jefe de la junta militar, Prayut Chan-ocha, al tiempo que pidió calma ante la situación.

Hipótesis sobre los ataques

El Primer Ministro, quien llegó al poder por un golpe de Estado en 2014, ha descartado que los ataques estén relacionados con el terrorismo internacional, al tiempo que señaló que la principal sospechosa es la insurgencia separatista que opera en el sur del país.

Un portavoz de la policía aseguró a medios locales que “las bombas, detonadas a distancia con un teléfono móvil, son del mismo tipo de las que utilizan los insurgentes en el sur”.

Los ataques se presentan días después que Tailandia aprobara la nueva Constitución respaldada por la Junta Militar, con la cual se pretende dar paso nuevamente a la democracia y con ello celebrar elecciones en 2017.

Los atentados coinciden con el cumpleaños de la reina Sirikit, de 84 años, fecha festiva que atrae la presencia de turistas nacionales e internacionales en las calles de la capital del país.