Reporte Indigo

CORRUPCIóNESPAñA

SMS que delatan

El Estado español  parece, desde que estalló el caso Bárcenas –ver el artículo de Rerpote Indigo “Destapan la cloaca” y el de “Pueden hacer caer al gobierno”– una bomba a punto de estallar, pero sólo eso, estáticamente “a punto”.

Sin embargo, los sucesos del pasado fin de semana parecen, en principio, poder ser el detonante que rompa con la inercia.

Y es que el domingo, la nueva información publicada por el diario El Mundo fue una nueva sacudida y motivo de aumento de la indignación que se hizo sentir por las redes sociales, en las que se convocaron nuevas protestas para el día de ayer frente a la sede del Partido Popular en Madrid, en la ya popular calle Génova.

Esa información, que tardó muy poco en convertirse en viral y en ser incluso parodiada, no era otra que la que contenían los mensajes de texto que se habían escrito el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y el extesorero del partido gobernante, Luis Bárcenas.

Los pantallazos, aportados por el extesorero después de verse abandonado por la formación política –actualmente está en la prisión madrileña de Soto del Real– y de que uno de sus miembros, Alfonso Alonso, le definiese el pasado jueves como “un delincuente que ha hecho de la mentira su estilo de vida”, prueban que el presidente mantuvo contacto directo y permanente con el extesorero –al menos desde mayo de 2011 hasta marzo de 2013– y que durante ese tiempo el presidente le pidió al extesorero que negara todo acerca de la contabilidad B.

En los mensajes, en los que se observa un tono afectuoso y muy cercano, Rajoy le decía cosas en 2012, cuando la situación empezaba a ponerse fea, como : “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo”.

Después, en 2013, el mismo día que El Mundo destapó el escándalo de los sobresueldos y 48 horas después de conocerse la existencia de las cuentas suizas, el presidente le escribió “Luis. Lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”.

En el mensaje precedente de Bárcenas, aunque incompleto, puede leerse: “después de mirar ayer el partido para otro lado, no tengo credibilidad. Debe salir ella y pedir que el Mundo aporte las pruebas. Conmigo puedes contar siempre y sabes que te estoy agradecido por el apoyo que personalmente siempre me has dado. Un abrazo fuerte. Luis”. Fecha de envío: 18 de enero de 2013.

Y puede haber más mensajes. Según El Mundo, los publicados hasta ahora son sólo una pequeña parte de del total.

Pero sin tiempo casi para asimilar ese episodio, mientras el principal partido de oposición exigía la dimisión del presidente del gobierno y otros grupos se planteaban la posibilidad de hacerle una moción de censura a Rajoy –acto que podría quedarse en algo simbólico debido a la mayoría en el Congreso de la que goza el Partido Popular–, el lunes la prensa aparecía con una noticia nueva del tema:

“Luis Bárcenas entregó 90 mil euros a Rajoy y Cospedal entre 2009 y 2010”, era el titular de El Mundo.

Los hechos se habrían conocido después de la declaración del extesorero de los populares en la Audiencia Nacional.

Según reporta el periódico español, fuentes de la acusación señalaron que él mismo habría hecho esas entregas personalmente a Rajoy y a Cospedal –actualmente la número dos del partido–. En billetes de 500 euros en un sobre marrón al primero y en su despacho a la secretaria general del partido. 

Además de eso, Bárcenas entregó al juez una memoria USB y más documentos sobre las cuentas del PP, de cuya parte B, por primera vez, estaría reconociendo su autoría.

¿Y ahora qué?

Las posibilidades son las siguientes: que el presidente dimitiera voluntariamente –cosa muy difícil que pase a la vista de los acontecimientos–, que se le sometiera a una moción de censura; que se convocasen nuevas elecciones; o, por último, que se impute penalmente al jefe del Ejecutivo y se le inhabilite para cargos públicos.

Ayer por la mañana, el líder el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), habló con Izquierda Unida (IU), PNV (Partido Nacionalista Vasco) y UPyD (Unión Progreso y Democracia) para ponerse de acuerdo para emprender una acción conjunta que fuerce a dimitir a Mariano Rajoy o,  al menos, a comparecer en el Parlamento para dar explicaciones.

Aunque hasta el momento no se ha concretado nada, sí se espera que suceda algo.

Sin embargo, como señala Ignacio Escolar, periodista y director de eldiario.es, “(Rajoy) No tiene intención alguna de dimitir; aguantará como un percebe, pegado al sillón hasta el final”.

Pero Escolar, en su artículo “Rajoy no solo tiene un problema político: también tiene un problema judicial”, apunta también hacia otra salida: la imputación penal de Mariano Rajoy.

Y es que si la correspondencia privada con Bárcenas –que el palacio presidencial de  La Moncloa no ha desmentido–, es una prueba por la que se puede acusar al presidente de encubrimiento o de obstrucción a la justicia –con penas de seis meses a tres años de cárcel para el primer delito y de uno a cuatro años de cárcel para el segundo–, “recibir dinero sin justificarlo es sólo una falta administrativa, pero hacerlo a cambio de facilitar adjudicaciones y contratos (las otras cuestiones que probarían los mensajes) es un delito penal”.

Sin dar la cara

Y como ya es costumbre en la historia reciente del país ibérico, no sólo indignan los nuevos hallazgos o sucesos, sino las reacciones de los implicados a los mismos.

Y es que, contra lo que pudiera esperarse en un país con un buen funcionamiento democrático, en éste, el presidente del gobierno ha decidido que él no tiene por qué dar la cara a diario para desmentir rumores. Aunque esas informaciones, ya difícilmente calificables de “rumores”, estén diciendo que toda la cúpula del partido gobernante y el propio presidente habrían estado cometiendo delitos durante años.

Eso dijo en una rueda de prensa programada por la visita del primer ministro polaco, Donald Tusk, en la que aseguró que iba a cumplir su mandato y que “Si otros quieren jugar a otras cosas, esa es su responsabilidad”.

Lo que tampoco dijo es que la pregunta a la que estaba respondiendo, del diario ABC, estaba amañada. Esto reportó el diario El Mundo, que explicó que las ruedas de prensa con gobernantes extranjeros tienen la limitación de permitir sólo dos preguntas y que son los periodistas, en reunión previa, los que acuerdan quién toman la palabra y sobre qué temas. 

En este caso, la primera pregunta la iba a realizar El Mundo y la segunda la Agencia EFE. Pero el presidente se saltó los turnos y concedió a la palabra al Abc, respondiendo con una nota que tenía escrita en su atril.

Después, el representante de Abc dijo que su director le había dictado el texto de la pregunta que debía formular al presidente.

Todo un cúmulo de desfachateces que parecen no tener fin.

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