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Se enciende la guerra

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Las fuerzas argelinas atacaron el jueves una planta procesadora de gas en el Sahara, en un intento por liberar a decenas de extranjeros y a 150 argelinos (600 según otros medios) retenidos por milicianos vinculados con los rebeldes islamistas en Malí, según informaron diplomáticos británicos y japoneses.

Los milicianos afirmaron que el ataque por parte de helicópteros argelinos mató a 35 rehenes y a 15 secuestradores.


Ene 17, 2013
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En el complejo operaban conjuntamente la petrolera BP, la noruega Statoil y la argelina Sonatrach, era la tercera planta procesadora más grande del país

Las fuerzas argelinas atacaron el jueves una planta procesadora de gas en el Sahara, en un intento por liberar a decenas de extranjeros y a 150 argelinos (600 según otros medios) retenidos por milicianos vinculados con los rebeldes islamistas en Malí, según informaron diplomáticos británicos y japoneses.

Los milicianos afirmaron que el ataque por parte de helicópteros argelinos mató a 35 rehenes y a 15 secuestradores.

Islamistas de la “Brigada Enmascarada” –o “de aquellos que firman con su sangre”, según otros medios)–, el grupo que se adjudicó la responsabilidad por la toma del complejo la víspera, informaron que los efectivos argelinos abrieron fuego cuando los milicianos trataban de huir de la instalación energética con los rehenes.

La “Brigada Enmascarada” hizo sus declaraciones a la Agencia de Información de Nouakchott, de Mauritania, que suele difundir reportes de grupos extremistas vinculados con Al Qaeda.

El portavoz de los milicianos dijo que Abú El Bará, el líder de los secuestradores, también murió en el ataque aéreo. Advirtió que los milicianos matarían a los rehenes sobrevivientes si el ejército argelino se acercaba.

De acuerdo con el vocero, entre los sobrevivientes había tres belgas, dos estadounidenses, un británico y un japonés.

El gobierno de Argelia no emitió declaraciones sobre la situación, pero las autoridades japonesas y británicas confirmaron que sus pares argelinas les habían informado que había una operación para liberar a los cautivos.

El País, citando a fuentes argelinas que contactaron con Reuters, también estimaba que, al menos, 30 rehenes habían muerto, entre ellos, siete extranjeros.

Tampoco había información clara sobre los rehenes que habían sobrevivido. Originalmente, los milicianos dijeron que habían secuestrado a 41 extranjeros, incluidos estadounidenses, británicos, franceses, japoneses, rumanos, malayos, irlandeses y noruegos.

Un funcionario argelino de seguridad dijo que unos 20 rehenes extranjeros habían escapado el jueves, antes del reporte sobre el ataque de las fuerzas oficiales en el complejo, operado conjuntamente por la británica BP, la noruega Statoil y la argelina Sonatrach.

De acuerdo con el gobierno argelino, unos 20 milicianos (60 según El País) atacaron el miércoles el complejo de Ain Amenas, a unos mil 300 kilómetros (800 millas) al sur de Argel, ocuparon las instalaciones y tomaron a los rehenes. Luego, la tercera planta procesadora de gas más grande del país fue rodeada por las fuerzas militares argelinas, a lo que siguió un tenso asedio.

Los milicianos habían dicho que el ataque contra la planta constituía una represalia por el hecho de que Argelia hubiera permitido a Francia el uso de su espacio aéreo para atacar a rebeldes vinculados con Al Qaeda en la vecina Malí.

Hollande se reunió con empresarios y declaró que “Lo que está ocurriendo en Argelia justifica aún más la decisión que tomé en nombre de Francia para ayudar a Malí”.

La intervención militar duró todo el día pero no logró liberar por completo la planta.

¿Injerencia neocolonial o guerra legítima?
Por Sandra de Miguel

Siempre que una guerra o un conflicto comienzan, surgen los debates en torno a su legitimidad. El caso de Malí no es una excepción.

Puesto que la idea de la sharia de Ansar Dine, uno de los grupos que controla el norte de Malí y afín a Al Qaeda, exige medidas como la prohibición de la música, la amputación de las manos de los ladrones o la lapidación de las adúlteras, muchos no han dudado en ponerse del lado de Hollande –aunque el ejemplo de Afganistán no es muy alentador– y,  de acuerdo a EFE, seis de cada diez franceses están a favor de la ofensiva.

Según reporta el periodista español Carlos Elordi en el diario.es, buena parte de los principales periódicos occidentales también están a favor.

Sin embargo, el apoyo a Hollande ha sido más moral que físico. Tan solo Bélgica se ha comprometido a enviar tropas. Alemania, Estados Unidos, España, Dinamarca, Reino Unido y Canadá únicamente han prometido a enviar aviones y ayuda médica y humanitaria.

Por otra parte, el escepticismo no tardó en irrumpir, principalmente por dos razones. La primera, que Hollande dio un giro radical al decidir intervenir. Antes del 11 de enero, el presidente socialista había apostado por una fuerza militar africana y por el restablecer en el poder a los depuestos representantes elegidos. Por esto, algunos creen que el cambio de opinión podría deberse a la idea de que quizás esta guerra le ayude a subir en los sondeos.

La segunda razón tiene que ver con el neocolonialismo. Como recordaron medios como el Frankfurter Algemeine y el Financial Times, según informó Elordi, Malí no sólo tiene petróleo, gas natural, fosfato, cobre, bauxita y diamantes explotados por multinacionales occidentales, sino que comparte frontera con Níger, país del que empresas francesas extraen grandes cantidades de uranio gracias a las que la energía nuclear francesa todavía sigue siendo barata.

El debate sigue abierto. Mientras, otros se preguntan: ¿Por qué Malí sí y Pakistán no?


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