La pandemia del COVID-19 y sus impactos socioeconómicos han generado una reacción en cadena que afecta la nutrición de mujeres y de sus hijos menores de cinco años. El embarazo, la lactancia materna y la infancia temprana son períodos de vulnerabilidad nutricional dado el aumento de las necesidades de nutrientes para satisfacer los requisitos fisiológicos, mantener el crecimiento y desarrollo fetal, y proteger la salud de las madres y sus pequeños.

En el contexto actual, las mujeres enfrentan riesgos adicionales que afectan sus dietas, las prácticas de alimentación infantil y el acceso a los servicios de nutrición y salud, por lo que es relevante permitirles el acceso a vitaminas y minerales que garanticen su seguridad alimentaria.

La Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés), declara que la lactancia materna juega un papel muy importante en la meta de convertir la seguridad alimentaria en una realidad para los más de 140 millones de bebés que nacen cada año.

Con esto se garantizaría que las madres y los menores de edad obtengan suficiente alimento para mantener una vida productiva y saludable. Por tanto, es imperativo que aún con la crisis sanitaria, se procure que accedan a una adecuada alimentación.

Juan Garza Ramos, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenta que como parte del impacto del COVID-19, una gran proporción de mujeres embarazadas y lactantes en el mundo no pueden satisfacer sus necesidades dietéticas, lo que tiene consecuencias negativas para su propia nutrición, salud e inmunidad, así como para la nutrición, el crecimiento y el desarrollo de sus bebés.

Respecto a los efectos en la cadena de producción de alimentos, el experto considera que la pandemia causó un desequilibrio en los ecosistemas, y con impactos más allá de la salud de las diversas regiones en el mundo.

Para evitar daños al medio ambiente y reducir la posibilidad de otras pandemias y mejorar la seguridad alimentaria de los grupos vulnerables, para el experto el reto es aprender a trabajar en equipo para lograr los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Esto significa que en el futuro se debe construir un enfoque para identificar las responsabilidades y la corresponsabilidad respecto a la sustentabilidad para realizar sinergias entre instituciones de los sectores público, privado y social.


En lugar de trabajar de forma aislada, tenemos que darnos cuenta que somos interdependientes y lo que hay que impulsar es una cooperación para la que no fuimos formados y que nos exige un trabajo distinto porque los alimentos no disminuyeron en la producción

Juan Garza Ramos

Académico de la UNAM

El académico añade que existen diversas áreas en las que hay que sumar fuerzas para permitir el acceso a alimentos saludables para las madres y sus hijos menores de edad, quienes al contar con una deficiente nutrición son más vulnerables, y en el caso de las mujeres lactantes, es necesario que sean atendidas para atender la nutrición de los bebés.

Efectos en la alimentación y la nutrición

Garza Ramos añadió que hay un importante número de personas que padece hambre y obesidad, a lo que se suma la malnutrición y con la pandemia el número de gente en el mundo que sufre hambre va en aumento y podría no parar.

Para evitar una catástrofe, es importante garantizar la accesibilidad a todos los alimentos para garantizar la seguridad alimentaria particularmente para las mujeres embarazadas, en lactancia y los niños menores a cinco años que ahora consumen alimentos menos saludables debido a consecuencias de la pandemia, como el desempleo que significa tener menores ingresos disponibles para comprar comida.

Es por ello que gobiernos, organizaciones civiles y empresas privadas deben fortalecer sus lazos para crear propuestas que garanticen la alimentación, dado que con la pandemia hay madres en lactancia o embarazdas que pasan más de 24 horas sin comer, y sus hijos tendrán sistemas inmunes mucho más débiles.

A través de la lactancia, la madre comparte al niño una serie de antígenos de los alimentos, complejos inmunes que ayudan al infante a desarrollar su sistema inmunológico, por lo que las mujeres embarazadas o en lactancia son un grupo de riesgo.

Por separado, Abelardo Ávila Curiel, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, dijo que la pandemia es una consecuencia de acciones que ha tomado la sociedad, por tanto el regreso a la normalidad se deben de cambiar los mecanismos para evitar que la humanidad tenga que enfrentar una segunda crisis sanitaria.

Los sectores que participan en el sistema alimentario deben ser residentes y generar la capacidad para permitir el acceso a alimentos nutritivos y amigables con el medio ambiente en su producción, su preparación y su consumo.

“La producción de alimentos es una de las principales amenazas para la seguridad alimentaria, por lo que hay que definir modelos más sustentables y amables con el medioambiente antes de caer en un abismo”, opina.

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