En Ginebra, Suiza, lejos de sus compatriotas, de su lengua materna, y de sus zonas de confort, los presidentes de Estados Unidos y RusiaJoe Biden Vladimir Putin, respectivamente, volvieron a verse las caras.

Pero a diferencia de su primer encuentro en 2011, cuando eran vicepresidente y primer ministro, esta nueva reunión trajo consigo una calma internacional, pues de cierto modo los alejó un tanto del conflicto que venían arrastrando desde meses atrás.

El encuentro entre Biden y Putin se llevó a cabo semanas después de que Moscú recibiera por parte de Washington múltiples represalias económicas por presuntos ciberataques a su seguridad nacional, como su intervención en las elecciones generales, y por su presencia militar en la frontera con Ucrania; razones por las cuales desplazaron de sus territorios a su respectivo personal diplomático.

Y aunque en sólo un par de horas no pudieron darle una solución concreta a estos y otros asuntos bilaterales, se espera que en cuestión de seis meses a un año haya un avance en sus compromisos y así puedan darle paso a otros temas, como la liberación de personas que están en cárceles rusas; por ejemplo, Paul Whelan, exinfante de la Marina estadounidense que fue declarado culpable de espionaje en Moscú.

De acuerdo con el jefe de Estado norteamericano, sus planes a futuro se darán sólo si cada gobierno cumple con sus respectivos deberes individuales, pues no se trata solo de depositarle confianza a la otra parte, sino de ver las acciones que realizan en favor de ambos y de sus respectivos pueblos.

“Esto no se trata de confianza, se trata de interés propio y de verificación de interés propio. Yo casi con cualquier persona que llego a tener un acuerdo que afecta a los intereses del pueblo estadounidense, no digo: ‘Bueno, confío en ti. No hay problema’. Veamos qué pasa”, remarcó Biden.

Sin embargo, entre los temas que sí lograron ejecutar, estuvo el regreso de sus embajadores a sus territorios, su interés por preservar y reabrir los corredores humanitarios en Siria para alimentar a los más necesitados, e iniciar consultas sobre el Nuevo Tratado START, a través del cual ambas administraciones se comprometen en el control de sus armas nucleares.

Respecto a los resultados de este encuentro, es el doctor Eduardo Rosales Herrera, internacionalista y académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, quien admite que, como se esperaban, entre Biden y Putin no se llegó a mucho debido a sus situaciones políticas, pero quien sí se llevó un pequeño triunfo fue el jefe de Estado ruso.

“El hecho de que se hayan reunido a solas, en conferencias separadas, y además en un territorio neutral como lo es Suiza, a Rusia lo posicionó como un gran rival; le concedió estatus, las credenciales de que es una súper potencia”, asegura.

Por su parte, el maestro Eduardo Palacios Cabrera, miembro del Centro de Estudios de Países Post-Soviéticos y del Centro de Estudios sobre Eurasia (GESE), opina que otro rasgo importante fue que haya sido el líder demócrata quien haya propuesto la reunión, ya que es quien está comenzando su periodo administrativo y en ese sentido quería exponer un interés bilateral.

De acuerdo con él, con este primer paso, Biden demostró que, además de que está interesado en Rusia, con esto también intentó mejorar su posición ante su homólogo, pues desde que comenzó su mandato se le señaló de ser un tanto agresivo con sus oponentes, entre ellos Vladimir Putin, a quien llegó a adjudicar de “asesino”.

“En general me parece que esta reunión fue sana y correcta, sobre todo entre dos países con una responsabilidad tan grande para la paz y la seguridad internacional”, declara Palacios Cabrera.

Biden y Putin: ‘Más que compartir, difieren’

Y aunque con esta reunión bilateral tanto Estados Unidos como Rusia frenaron la inestabilidad política que protagonizaban desde meses atrás, hay pocas probabilidades de que este encuentro le dé pie a una relación más cercana entre ambos.

El maestro Eduardo Palacios Cabrera considera que esto se debe, principalmente, a las diferencias que históricamente han tenido ambos países en temas no sólo políticos, sino sociales y religiosos.

“Más que compartir, difieren; entonces, desde ahí no creo que exista una plataforma en la que estos dos países puedan crear una relación de socios, de amistad o de aliados cercanos como históricamente la han tenido Reino Unido y Estados Unidos, por ejemplo. Creo que estamos muy lejos de que eso pase, quizá nunca ocurra, pero tal vez esta reunión sea un pequeño paso a una dirección de más entendimiento mutuo”, comparte.

En ese sentido, se espera que, aun cuando no haya una mejor relación bilateral, al menos ambas administraciones eviten empeorarla, y en lugar de eso traten de llegar a un punto en común en temas que siguen pendientes, como la seguridad en Ucrania y su relación con China, país con el que, mientras Rusia mantiene una cooperación estable, Estados Unidos lo intenta derribar geopolíticamente.

El regalo de Biden

Tras su encuentro en Ginebra con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, Joe Biden le dio a su homólogo una escultura de cristal de un bisonte americano de Steuben Glass de Nueva York.

Según la Casa Blanca, esta figura es “una interpretación de uno de los mamíferos más majestuosos de nuestra nación y representante de la fuerza, la unidad y la resistencia”.

En 2016, esta especie fue nombrada oficialmente el mamífero nacional de Estados Unidos cuando la administración Obama-Biden promulgó la Ley del Legado Nacional del Bisonte.

La escultura estaba sobre una base de madera de cerezo; tenía una placa con una inscripción personalizada conmemorando la reunión entre los presidentes Biden y Putin.

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