El líder de la minoría en el Senado de Estados Unidos, el demócrata Charles Schumer, pidió al presidente Donald Trump que vete una resolución que anularía una norma sobre privacidad en Internet.

Esto permitiría a los proveedores del servicio vender información sobre los hábitos de navegación de sus clientes.

El senador por Nueva York y otros 46 senadores demócratas firmaron una carta en la que piden a Trump que “nos diga en qué bando está realmente”.

Relacionado: La era de ‘El Gran Hermano’

La norma emitida por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) en octubre estaba pensada para dar a los usuarios un mayor control sobre la forma en que proveedores de Internet como Comcast, AT&T y Verizon comparten información.

Tanto la Cámara de Representantes como el Senado votaron esta semana a favor de la resolución, que tiene que ser sancionada por Trump, explicó AP.

“Si el presidente Trump toma su bolígrafo y firma esta resolución, los consumidores se verán despojados de protecciones de privacidad cruciales”, dijo Schumer.

“Firmar esta marcha atrás en la ley supondrá que las empresas de Internet podrán vender los datos privados de nuestras computadoras, iPads e incluso de nuestros celulares para hacer dinero rápido con nuestra información”.

Privacidad en peligro El pasado viernes Reporte Índigo publicó que el Congreso de los Estados Unidos anuló la restricción legal que creó el expresidente Barack Obama y como consecuencia las empresas proveedoras del servicio de Internet podrán comercializar los historiales de los navegación de los usuarios.

Acontecimiento que tiene una similitud con la novela de George Orwell, titulada 1984, que relata cómo se manipula la información de una sociedad y se mantiene una vigilancia sobre las personas que la habitan.

El presidente de la FCC, Ajit Pai, manifestó su intención de revocarlas. Él y otros republicanos quieren que sea la Comisión Federal de Comercio la que ordene la política de privacidad tanto para empresas que suministran Internet como AT&T como para empresas del sector como Google, que no tienen que pedir permiso a sus clientes para rastrear los cibersitios que visitan.