El gobierno nicaragüense de Daniel Ortega está cerca de recibir más sanciones en su contra, represalias que lo podrían poner entre la espada y la pared para que en noviembre próximo permita unas elecciones justas y democráticas. El pasado martes 22 de junio, el senador estadounidense Robert Menendez aseguró que dichas sanciones se implementarían a través de RENACER, una iniciativa de Ley impulsada por él mismo y que fue aprobada por el Comité de Asuntos Exteriores del Senado de la Unión Americana.

Sin embargo, para llevar a cabo de manera oficial dicha iniciativa, se requiere primero que sea aceptada por el Senado norteamericano, un paso que, se prevé, se desarrollará sin mayor problema.

Entre las represalias que podría recibir la administración orteguista a través de esta iniciativa de Ley destacan: realizar informes clasificados sobre la corrupción perpetrada por la familia del presidente Ortega, agregar a Nicaragua a la lista de los países centroamericanos sujetos a restricciones de visa relacionadas con la corrupción, y revisar por parte del Ejecutivo la participación continua de este país en el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica (CAFTA).

Y aunque con estas medidas se pretende que Ortega celebre elecciones justas y deje libres a los opositores políticos, Arlene Ramírez, doctora en Relaciones Internacionales y académica del Tecnológico de Monterrey, opina que existen otras razones por las cuales Estados Unidos busca imponer estas represalias.

Entre ellas, que a la administración estadounidense no le conviene que un Estado como Nicaragua se desestabilice políticamente ni tenga un juego diplomático complejo, porque Estados Unidos invierte mucho en planes de protección, y no solamente enfocados en la migración y en los programas de retorno, sino en los sistemas de inteligencia que desplegó en ese territorio hace décadas y que siguen presentes.

“Después de toda la intervención estadounidense en Nicaragua a través de la inteligencia del FBI y de la CIA para bloquear la intervención soviética, en aquel entonces la Guerra Fría, las administraciones nicaragüenses comenzaron a despertar un sentimiento nacionalista anti-yankee que sigue presente, sobre todo ahora con los discursos de Ortega”, comparte la doctora.

En repetidas ocasiones, el jefe de Estado nicaragüense se ha posicionado en contra de Estados Unidos, resaltando que intenta dominar a las naciones latinas en términos económicos, políticos y sociales; un diálogo que se ha repetido, incluso, en otras naciones vecinas.

En ese sentido, se prevé que, viniendo de Estados Unidos, Daniel Ortega haga caso omiso a las represalias de RENACER, que si bien sí podrán desfavorecer a su país, no las tomará con tanta presión.

De acuerdo con la maestra Blanca Elena Gómez, del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana, se podría ver incluso que, a mayores sanciones, más reacciones habría por parte de Ortega.

“Cuando vimos que la OEA le pidió a Ortega acciones sistemáticas para garantizar votaciones de manera democrática, su respuesta fue encarcelar a más opositores (…) Con esta escalada de sanciones considero que veremos más persecución política de su parte”, dice.

Su punto débil

Además de las ya mencionadas sanciones que integran la iniciativa de Ley RENACER, hay una más, la cual destaca la posibilidad de que Canadá y la Unión Europea se unan a las represalias en contra del gobierno nicaragüense.

En entrevista, la doctora Arlene Ramírez, del Tecnológico de Monterrey, comparte que este punto puede ser el más representativo para Daniel Ortega, pues si bien no podrían impactarle tanto las represalias viniendo de Estados Unidos, de estos otros dos territorios sería todo lo contrario.

Ello, debido a que Ortega ha buscado relacionarse más con el bloque europeo de manera comercial y económica que con Estados Unidos, sobre todo por la ideología anti-yankee que ha representado por años.

“Por ejemplo, la Unión Europea firmó un acuerdo financiero, económico y comercial con China, y a Nicaragua a través de ese discurso anti-yankee lo que más le conviene es comercializar con China, con el bloque europeo, con Rusia o con Canadá, pero no con Estados Unidos”, remarca.

En caso de que Ortega pierda relación con estas dos partes, eso podría traerle más problemas de los que ha tenido con sus ciudadanos por las carencias económicas que estaría registrando.

“Creo que lo que haría que Ortega suavizara un poco su postura sería si vemos una sociedad nicaragüense harta y que apoyara a estos agentes externos que tratan de ayudar a que este líder político no cometa más arbitrariedades”, asegura, por su parte, la maestra Blanca Elena Gómez.

En ese sentido, se espera que, en dado caso de que las sanciones implementadas por Estados Unidos no hagan reacción ante el gobierno orteguista, su unión con Canadá y la Unión Europea a través de RENACER lo hagan cambiar de parecer.

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