"A mi hija le abrieron el pecho, le sacaron el corazón... ¿Qué culpa tenía mi niña?” 

Francisco Velasco

Campesino guatemalteco

Episodios dantescos se escucharon en el recinto del Tribunal de Sentencia de Mayor Riesgo “A” de Guatemala.

Niñas violadas hasta morir, infantes descuartizados, jornadas de masacres, bombardeos de aldeas.

Esto no fuela narración de  un cuento de terror sino parte de las jornadas de testimonios del juicio contra el exdictador guatemalteco José Efraín Ríos Montt y su antiguo jefe de inteligencia militar José Mauricio Rodríguez Sánchez.

Se les acusa de orquestar el genocidio de al menos mil 771 indígenas de la étnica ixil que habitaba el departamento norteño de Quiché, además de las violaciones masivas a mujeres y una extensa lista de crímenes de lesa humanidad.

“A mi hija le abrieron el pecho, le sacaron el corazón… ¿Qué culpa tenía mi niña?”, dijo durante el juicio el campesino Francisco Velasco, originario de Salquil Grande, en el municipio de Nebaj, publicó el diario guatemalteco El Periódico.

Ayer se celebró el décimo día de escuchas en el que participaron diversos testigos de los hechos y peritos antropólogos.

“Vi cuando mataron a una anciana y los oficiales le cortaban la cabeza. Esos oficiales jugaban con la cabeza de la anciana como si fuera una pelota”, mencionó por videoconferencia Julio Velasco Raymundo, hoy de 40 años y que presenció la matanza cuando apenas tenía 8.

La justicia tardó tres décadas en llegar para las víctimas del los líderes castrenses, actualmente detenidos.

Ríos Montt permanece en arresto domiciliario desde enero del año pasado y Rodríguez se encuentra internado en un hospital militar por complicaciones de salud.

No es la primera vez que se procesa a autócratas criminales muchos años después de haber cometido atrocidades contra su gente.

América Latina cuenta con dos emblemáticos casos: el de la junta militar argentina encabezada por Jorge Videla y otros miembros del ejército, y el de Augusto Pinochet, dictador golpista chileno.

En ambos eventos tuvieron que pasar muchas décadas para que los políticos autoritarios pudieran ser  colocados en el banquillo de los acusados.