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Caos e indignación

La humillación de la Selección de Brasil ante Alemania despertó sentimientos de tristeza y frustración en los aficionados brasileños, pero al Gobierno de Dilma Rousseff le causó temor y preocupación.

Como recordatorio de las protestas contra el Mundial, tras la derrota de Brasil, radicales quemaron 20 autobuses en Sao Paulo, un hombre murió al enfrentarse a la policía de Rio de Janeiro y varios hinchas destruyeron las banderas de su país.

“La vergüenza histórica de Brasil enciende una señal de alerta en el Gobierno de Dilma, quien teme que el mal humor derivado de la victoria de Alemania contamine las expectativas económicas y se refleje en su campaña”, publicó ayer Folha de Sao Paulo.

Rousseff, quien buscará su reelección en las votaciones de octubre, confesó en una entrevista con CNN que no se imaginaba el resultado del partido ni en sus peores pesadillas.

“Mis pesadillas nunca fueron tan malas, nunca fueron tan largas”, expresó la mandataria, “como una fanática, claro, yo estoy profundamente triste porque comparto la misma tristeza de todos los fanáticos”. 

Durante los meses previos a la Copa, la popularidad de Dilma recibió un golpe de las protestas de cientos de miles de brasileños que pedían cancelar el Mundial para invertir los 11 mil millones de dólares gastados en el torneo en desarrollo social. 

Apenas unos días antes del partido de Brasil contra Alemania, una encuesta de Datafolha reveló que el buen humor y el desempeño de la Selección brasileña aumentaron la aprobación de la presidenta de un 34 por ciento a un 38 por ciento. 

“La campaña de la presidenta tendrá que movilizarse para evitar que el mal humor infecte las intenciones de votos hacia la candidata a reelección, como se vio antes de la inauguración del Mundial”, explicó la politóloga Julia Duailibi en Estadao.

El candidato Aécio Neves, principal rival de Rousseff, está aprovechando la derrota para subrayar los efectos económicos negativos de la Copa. 

“El pueblo podrá abrir los ojos para la realidad del país y ver la inflación alta, el bajo crecimiento de la economía. Estábamos viviendo un sueño y despertaremos en una pesadilla”, manifestó el coordinador de campaña de Neves a EFE.  

Tristeza pasajera

Pese a la indignación en las redes sociales y las calles, otros expertos consideran que los sentimientos negativos causados por la derrota son un fenómeno pasajero y que no impactarán en las elecciones presidenciales de octubre.

Asimismo, ven los actos de vandalismo como un fenómeno aislado que podría tener poco que ver con la política.

“Si la Selección fuese campeona, eso no ayudaría a Dilma, así como la derrota de Brasil no favorece a la oposición. El elector ahora es más maduro, no mezcla canales. La elección está de un lado y el deporte del otro”, indicó el experto Fernando Azevedo al diario O Globo. 

Incluso, hay periodistas que piensan que el torneo deja como resultado positivo a una sociedad brasileña más crítica, que sabe distinguir entre el futbol y la política.

“A pesar de todo, veo un legado positivo en esta Copa”, escribió ayer el director de Brasil Post, Ricardo Anderáos, “a lo largo de este año, entre la Copa Confederaciones y la Copa del Mundo, ganamos la oportunidad de recuperar nuestro país”.

Los especialistas advierten que, para evitar perjuicios, Dilma cambiará su estrategia para distanciarse del Mundial, de eventos deportivos y de la FIFA.

La prensa extranjera coincide en percibir este espíritu de cambio en la sociedad brasileña y el Gobierno.

Además, señalan que las personas que abuchearon a la presidenta durante la inauguración y el partido de Brasil no representan ningún peligro para ella.

“A lo largo del torneo ha habido porras anti-Rousseff en los estadios, pero no significan nada, pues la mayoría de los brasileños que pueden comprar boletos para los partidos, ricos y mayoritariamente blancos, representan un sector demográfico que de cualquier forma se opone al populismo de ella”, publicó ayer The Washington Post.

Expertos, ciudadanos y el Gobierno coinciden en que la derrota de Brasil y el Mundial son una oportunidad cambio, sea cual sea el desenlace.

“También sé que somos un país con una característica muy particular: crecemos con el desafió de la adversidad”, indicó Dilma a CNN. 

“Creo que ser capaz de superar las derrotas es una característica de una gran Selección y de un gran país”.