Algo que nos enseñó la enfermedad COVID-19 es que debemos prepararnos para cualquier eventualidad. Un contagio mortal y misterioso, del que no sabemos nada al respecto, puede convertirse en otra pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había pensado en esta situación y nombró a esta este posible suceso como ‘Enfermedad X’.

La OMS incluyó en su listado a la ‘Enfermedad X’ como una epidemia futura y potencial, para la cual no hay medidas de contención.

“Una epidemia devastadora puede comenzar en cualquier país y en cualquier momento, y matar a millones de personas, porque no estamos preparados, porque aún somos vulnerables”, ha reconocido el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en el ‘The World Government Summit’ que se celebra en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) en el 2018.

El objetivo de este listado, que se elaboró por primera vez en 2015, era definir las prioridades en materia de salud pública, señalando los patógenos más peligrosos que se pueden prevenir o aquellos sobre los que todavía no hay suficientes medidas para combatirlos.

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Origen

En 2018, la OMS incluyó a la ‘Enfermedad X’ en su plan global para acelerar la investigación y el desarrollo durante emergencias de salud como las epidemias del ébola, el síndrome respiratorio aguda grave (SARS, por sus siglas en inglés) o el zika.

El nombre enigmático “representa el conocimiento de que una grave epidemia internacional podría ser causada por un patógeno hasta ahora desconocido y provocar enfermedades humanas”, según la OMS.

Al enfrentarse a lo desconocido, la OMS reconoció que debe “reaccionar ágilmente”.

El Plan de Acción I&D 2018 surgió a raíz de la emergencia provocada por el ébola en África Occidental, que empezó en marzo de 2014, según explicó Marie-Paule Kieny, subdirectora general de Sistemas de Salud e Innovación de la OMS en ese momento.

Kieny, quien lideró los esfuerzos de investigación y desarrollo de la OMS durante el brote de ébola, afirmó que esta emergencia internacional les enseñó a los científicos que la investigación y el desarrollo necesitan ser una “parte integral” de la respuesta ante las epidemias.

¿Y el COVID-19?

Antes de que el SARS-CoV-2 se propagara, los expertos en enfermedades infecciosas ya estaban inmersos en la investigación de nuevas enfermedades emergentes.

Incluso, los microbiólogos habían anticipado que los coronavirus de murciélagos eran una bomba de reloj en Asia. La publicación de un artículo en Clinical Microbiology Reviews en 2007 indicaba que los murciélagos de herradura son el reservorio natural del virus similar al SARS-CoV. Estos expertos advertían de la necesidad de mantener fuertes medidas de bioseguridad “en las granjas y mercados húmedos”, ya que, aseguraban, “pueden servir como fuente de propagación de infecciones emergentes”.

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Un motivo de preocupación para la comunidad científica era “una pandemia de gripe”. Algo que ya se había advertido ocurriría en esta generación. Y no estaban equivocados.

La preparación de los profesionales sanitarios ante una pandemia X era incompleta, algo que comprobó el COVID-19, pues muchos países se vieron rebasados.