América Latina ya no es gobernada por mujeres. La expresidenta de Chile Michelle Bachelet dejó ayer el poder y con su partida esta región del mundo se convierte otra vez en un territorio liderado por hombres. Este fin de semana se cerró el capítulo en el que durante 12 años las mujeres llevaron el timón de la política latinoamericana.

La región tuvo cuatro presidentas durante 2014. Las jefas de Estado en ese año eran Laura Chinchilla en Costa Rica, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dilma Rousseff en Brasil y Bachelet en Chile. Por ahora, con sólo dos candidatas esperando las elecciones de sus países, no parece que el territorio latinoamericano sea liderado por una mujer pronto.

Las mujeres dejaron los liderazgos de los países latinoamericanas porque fueron juzgadas con más severidad por razones de género. Las presidentas recibieron peores críticas y castigos que los hombres que estuvieron a cargo de la misma región del mundo. Esto provocó que durante las elecciones más recientes menos mujeres se postularan como candidatas y ninguna ha llegado al poder hasta ahora.

“Las líderes han sido analizadas en algunos momentos con sesgos de género cuando hay problemas políticos. Se han cuestionado cosas que en el caso de los hombres no se cuestionan”
Belén Sanz Luquerepresentante de ONU Mujeres en México

Bachelet fue una de las mujeres que perdió popularidad cuando se hicieron públicos sus errores. Los chilenos dejaron de creer en ella después de que surgieron rumores sobre supuestas actividades ilícitas de su hijo y su nuera que generaban ganancias en el sector inmobiliario. En el sentido contrario, el actual presidente chileno Sebastián Piñera no se vio afectado cuando presuntamente falsificó facturas para financiar de manera ilícita una campaña.

El caso más dramático de este trato desigual fue el de Rousseff, quien fue destituida en 2016. Fue expulsada de su cargo sin pruebas por su enriquecimiento personal y después sometida a un juicio por prácticas contables que por un tiempo se habían considerado normales en Brasil.

En el mismo sentido, la presidenta de Costa Rica afirma que su mandato fue considerado malo sólo porque es mujer, de acuerdo a su análisis en el artículo “Las mujeres volveremos a gobernar en América Latina” publicado en The New York Times.

La valoración de su mandato fue una de las más bajas de la historia reciente de este país. En esa evaluación no se tomó en cuenta que la expresidenta logró mantener la economía con una tasa de crecimiento promedio de un 4.5 por ciento interanual o que provocó que la tasa de homicidios cayera un 30 por ciento.

Sanz Luque dice que su agencia de las Naciones Unidas identificó que hay algunos elementos en común en México y toda América Latina que son los detonantes de que no haya más mujeres en la política.

La representante de Naciones Unidas afirma que un punto que comparten muchos países latinoamericanos es que las mujeres no tienen acceso a los cargos importantes dentro de los partidos. Esto provoca que no sean elegidas como representantes de los grupos políticos durante las elecciones. México es un ejemplo de esta situación porque el liderazgo de mujeres en los partidos no alcanza el 25 por ciento.

Sanz Luque menciona que otro impedimento para que las mujeres se conviertan en presidentas es que dedican el triple del tiempo que los hombres a las tareas de cuidados, esto provoca que disminuya su participación en la política.

La representante agrega que otra barrera para que las mujeres lleguen al poder son los estereotipos de género negativos. Este tipo de prejuicios provocan que exista la idea de que una mujer “no puede ser buena política o no tiene la capacidad para liderar un país”.

Las mujeres no tienen acceso a cargos importantes dentro de los partidos en América Latina

Las mujeres tampoco quieren competir para las presidencias de América Latina porque sufren violencia cuando participan en la política. El estudio “Violence against Women in Politics in Colombia” revela que casi una cuarta parte de las funcionarias electas en Colombia sentían que sus voces no eran tomadas en cuenta y sus partidos les negaba recursos. El 40 por ciento de las alcaldesas reportaron algún tipo de tratamiento sexista.

También hay registro de que algunos políticos piden a las mujeres que renuncien después de ganar la elección. Juana Quispe, una concejala de Bolivia, murió por los golpes que recibió cuando no quiso renunciar.

Mujeres que ven por las mujeres

Las presidentas tienen mala imagen, pero las políticas que desarrollaron para ofrecer mejores oportunidades a las mujeres hablan a su favor. Bachelet es un buen ejemplo porque durante su segundo mandato creó el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género e impulsó una reforma electoral que establece que por lo menos el 40 por ciento de los candidatos a cargos públicos deben ser mujeres.

La realidad de las argentinas también cambió a partir del mandato de Fernández de Kirchner. Durante su gestión introdujo la figura penal del feminicidio en Argentina y Rousseff logró que la misma cantidad de niños y niñas asistieran a la educación primaria, secundaria y terciaria.

La presidenta de Costa Rica creó un programa de corresponsabilidad por parte del Estado en el cuidado de los niños y adultos mayores y la implementación de medidas que permitieron que la tasa de feminicidios disminuyera en un 70 por ciento.

“El que las mujeres estén en el poder sí contribuye a que se atiendan problemas que antes no se habían planteado como las brechas salariales, las necesidades de sistemas de cuidados o temas relacionados con la violencia”, explica la representante de ONU Mujeres en México.

Más legisladoras

Las mujeres dejan el timón de América Latina, no obstante, algunas de las tripulantes del barco de poder siguen siendo mujeres. El crecimiento de la participación femenina en los congresos de la región está trasladando el liderazgo político de las mujeres del ejecutivo al legislativo.

De acuerdo con la Unión Interparlamentaria, América Latina es la segunda región del mundo con más representación femenina en los órganos parlamentarios con un 28.8 por ciento. El porcentaje está aumentando este año por las leyes de paridad aprobadas en varios países.

Después de las elecciones de 2017 en Chile, la representación femenina en ambas cámaras pasó de un 15 al 23 por ciento. Las mujeres ocupan más del 35 por ciento de los asientos legislativos en Costa Rica, Ecuador, México y Nicaragua.

Las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a las tareas de cuidado lo que disminuye su participación en la política

Estas cifras se pueden contrastar con los números de Estados Unidos. En el país gobernado por Donald Trump, las mujeres representan sólo el 19 por ciento de la cámara de representantes y el 22 por ciento del senado.

Los hombres regresan

Las presidentas fueron sustituidas por hombres que parecen no querer a las mujeres. Antes de que el actual presidente de Chile llegara al poder se divulgó un video en el que bromea sobre la violación en un evento de campaña.

Por otra parte, cuando el presidente Michel Temer sustituyó a Rousseff designó únicamente a hombres blancos para integrar su nuevo gabinete, en un país donde muchos de sus ciudadanos son negros.

Las únicas oportunidades para que una mujer vuelva al poder son la candidata mexicana Margarita Zavala y la colombiana Marta Lucía Ramírez, pero las encuestas arrojan que ninguna de las dos es favorita para convertirse en presidenta.

“Estoy convencida de que pronto veremos a alguna presidenta. Las mujeres en América Latina están más que preparadas para asumir los mayores cargos dentro de los gobiernos, pero además de ocupar presidencias las mujeres están preparadas para ocupar distintos cargos de toma de decisión desde la política municipal, estatal y federal”, opina la representante de ONU Mujeres.

América Latina inicia un periodo sin mujeres al poder. La falta de representación femenina en esta región refleja un claro retroceso en el panorama democrático del mundo.