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Nicaragua: al rojo vivo

Muchos hombres de Estado lo han soñado, pero sólo uno ha tenido la audacia de pasar al acto. El viernes pasado, Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua terminó el mandato de todos los miembros desfavorables a su gobierno.

16
miembros de la Asamblea Nacional y 12 suplentes, representantes del Partido Liberal Independiente (PLI) y los de su aliado el MRS, fueron removidos de su cargo por Daniel Ortega

Lo que queda de los sandinistas es la fuerza de una mujer burguesa convertida en revolucionaria, Rosario Murillo, la esposa del líder sandinista, de quien se dice que es el poder detrás del poder
De La Paz a Nicaragua pasando por Caracas, los líderes en los que muchos habían puesto esperanzas de progreso, se hunden en el autoritarismo, junto con un culto a la personalidad
Daniel Ortega eliminó el límite de mandatos presidenciales estipulados por la Constitución, ahora puede ser elegido presidente de por vida

Muchos hombres de Estado lo han soñado, pero sólo uno ha tenido la audacia de pasar al acto. El viernes pasado, Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua terminó el mandato de todos los miembros desfavorables a su gobierno.

El Presidente de izquierda de Nicaragua, ex guerrillero a la cabeza del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), utilizó el Tribunal Electoral para su causa: remover de su cargo a 16 miembros de la Asamblea Nacional y 12 suplentes, representantes del Partido Liberal Independiente (PLI) junto con los de su aliado el MRS –sandinistas disidentes–, para no dejar en el hemiciclo de la Cámara Alta más que a los elegidos del partido del Comandante y los miembros de las formaciones aliadas.

Un solo partido controla prácticamente todo el parlamento y la justicia del país, y Nicaragua parece ser cada vez menos democrática.

Sin embargo, Ortega había prometido una política mucho más liberal de los sectores económicos del país. Pero hoy, los decepcionados del sandinismo critican al presidente de dar la espalda a los ideales de Augusto Sandino, el héroe nacional asesinado en 1934 por orden del dictador Anastasio Somoza.

Nicaragua se hunde poco a poco en el autoritarismo

La oleada de alternancias de la izquierda que hubo en Sudamérica a lo largo de la primera década de este siglo, un tiempo en el que casi todos los ex líderes de la América del Sur fueron a menudo perseguidos e incluso torturados por los regímenes dictatoriales o militares del siglo pasado, pusieron en marcha grandes programas sociales.


Este fue el caso de Nicaragua, donde el ex líder sandinista Daniel Ortega, una figura regional de la resistencia marxista, fue elegido para dirigir el país en 2006, después de perder tres veces la contienda presidencial.

El problema vino inmediatamente después, cuando una vez instalado en el poder, Ortega comenzó a centralizar uno a uno los poderes judicial y legislativo e imponer una especie de régimen jurídico de partido único.

Pero, ¿cómo se impone un régimen legal de un solo partido? El pasado viernes, el Consejo Nacional Electoral de Nicaragua despidió a 28 miembros de la oposición. Y ahora el parlamento quedó totalmente en manos del partido de Ortega.

A priori, eso es legal. Excepto por que el Consejo Nacional Electoral se compone únicamente por personas cercanas a Ortega. Del mismo modo, Daniel Ortega eliminó el límite de mandatos presidenciales estipulados por la Constitución, y ahora puede ser elegido presidente de por vida.

Si a esto se añaden gigantes retratos del querido comandante por todo el país y una policía opresora frente a las manifestaciones de la oposición, nos movemos poco a poco hacia una especie de suave dictadura: o más bien, a una dictadura personal con apariencia legal.

Pero este no es un caso único. Los llamados líderes de “izquierda” en América Latina se han apoyado, e incluso imitado.

En este caso, Ortega ha seguido el caso de Venezuela. El presidente Nicolás Maduro, entre un Estado de emergencia y un referendo revocatorio en puerta, ya se hunde en un autoritarismo de tendencia militar.

Él también controla el poder judicial y por lo tanto evita que la oposición del parlamento pueda legislar en su contra.

La misma historia en Bolivia, donde el presidente Evo Morales, quien aún no ha sacado a millones de sus compatriotas de la pobreza, era la esperanza de los indios aymaras, finalmente representados en el poder a través de él, después de siglos de opresión.

Evo Morales, que perdió en febrero el referéndum que habría permitido que se reeligiera a sí mismo en el año 2020, ya habla abiertamente al pueblo boliviano de levantarse contra los engañado de los medios de una oposición “horrible”.

En resumen, de La Paz a Nicaragua pasando por Caracas, todos estos líderes en los que muchos habían puesto esperanzas de progreso, se hunden en el autoritarismo, junto con un culto a la personalidad, que puede solamente disgustar a los creyentes de las democracia.

La mujer detrás del poder

Lo que queda de los sandinistas es la fuerza de una mujer burguesa convertida en revolucionaria, que ahora, como si se tratara de una Christina Kirchner, desea gobernar en el ocaso de las ideas socialistas para prolongar el apellido familiar en el poder.

A tres meses de las elecciones presidenciales, a Rosario Murillo, la Compañera Leal, no la detiene ni siquiera la situación real o imaginada de la violación de su hija por parte de su esposo, y a quien dejó sola para respaldar al Comandante Ortega.

Políticamente poderosa, e intelectualmente bien formada, se dice que Rosario es el poder detrás del poder.

Además, la esposa del líder sandinista jamás ha ocultado su devoción por la brujería y después de 30 años, el matrimonio Ortega-Murillo parece estarse perpetuando en el poder, algo ciertamente inexplicable con la crisis económica y la furiosa crítica opositora.

Murillo también dirige la Secretaría del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del gobierno sandinista, desde donde ejerce el poder desde enero de 2007.
 

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