De todas las revelaciones que emergieron ayer tras el ataque a la ciudad de Mosul –500 mil residentes que han huido, reportes de decapitaciones en masa, miles de reos liberados–, probablemente la que más llamó la atención es que el grupo insurgente Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés) se acaba de convertir en el “grupo terrorista más rico el mundo”. 

Y es que en el camino que emprendieron hacia la ciudad de Tikrit, después de tomar posesión de Mosul, los milicianos armados se detuvieron en el banco central de esta ciudad y robaron 500 mil millones de dinares iraquíes en efectivo, lo que equivale a unos 425 millones de dólares.

El gobernador de la provincia de Nineveh, donde se sitúa Mosul, agregó que los islamistas radicales también tomaron millones de dinares de numerosos bancos de la ciudad, así como una “gran cantidad de lingotes de oro”, según el International Business Times.

Ahora, estos activos financieros fortalecen a ISIS, lo cual dificulta la lucha del Gobierno iraquí en contra de los insurgentes, quienes buscan crear un Estado islámico en la región fronteriza entre Siria e Iraq.

Batalla sin fin

El primer ministro iraquí, Nouri Al Maliki, decretó estado de emergencia y declaró en noticias televisadas que “Iraq está viviendo una etapa difícil”. Además, llamó a que todos los miembros del Gobierno se unan para enfrentar “este cruento ataque”. 

Mientras tanto, las fuerzas del Gobierno iraquí están desilusionadas. “El Estado es débil”, dijo un miembro de infantería a The New York Times. “Está será una batalla sin fin”.