“Mi mamá está tranquila y feliz desde que le dijeron que podía morir, porque su vida era literalmente un infierno”, asegura Federico, hijo de Martha Sepúlveda, la primera mujer en acceder a la eutanasia en Colombia sin tener diagnóstico de enfermedad terminal.

Sepúlveda está diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad grave e incurable que le produce dolores insoportables en las piernas. Un mal que además, es progresivo, por lo que representaría para ella una muerte lenta y dolorosa.

Hasta el próximo domingo 10 de octubre a las 07:00 horas, cuando le fue programada la eutanasia a Martha, después de luchar por ella.

En entrevista con la BBC, Federico, su hijo, menciona que al conocer sus expectativas, su madre le dijo que quería acceder a este proceso, que aunque es legal en Colombia desde 1997, sólo es permitida en caso de una enfermedad terminal, grave e incurable.

Según el joven de 22 años de edad, conseguir la muerte le devolvió a su madre la alegría por vivir.

“Mi mamá siempre ha sido una persona muy abierta a la muerte. Ella siempre ha dicho ‘yo no tengo miedo a partir, sino a la forma en la que voy a partir’, que es precisamente por lo que buscó que le reconocieran el derecho a una muerte digna”, indica Federico.

Durante una entrevista con Caracol TV, una cadena de televisión colombiana, Martha Sepúlveda aseguró que ante la perspectiva de morir, se encuentra muy feliz.

“Tengo buena suerte. Soy una persona católica, me considero muy, muy creyente. Pero Dios no me quiere ver sufrir a mí, con una esclerosis lateral en el estado que la tengo, lo mejor que me puede pasar es que me vaya a descansar”, indicó.

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Federico agrega que el desgaste de su madre era cada vez más evidente, necesitaba ayuda no solo para caminar, sino para realizar actividades básicas, como ir al baño.

“Ella no concebía la vida postrada en una cama. El final de la esclerosis lateral amiotrófica es sin poder hablar, sin poder tragar… es algo sumamente doloroso e indigno para ella. A  principios de este año empezó a requerir apoyo para ir al baño. Después, había que bañarla, había que vestirla. En ocasiones se le dificultaba comer o cepillarse, porque las manos estaban perdiendo demasiada fuerza”, explica el joven.

Cuando Martha comenzó a pensar en la eutanasia, Federico no la apoyó, pese a que él consideraba que las personas tienen derecho a decidir sobre su vida y sus cuerpos, hasta que consideró que le demostraba más amor dejándola ir que obligándola a quedarse en la cárcel que se había convertido su cuerpo.

“Yo sí necesito a mi mamá y quiero que esté conmigo en cualquier condición. Pero en ese caso sólo estaría pensando en mí, en mis necesidades. Llevamos 22 años juntos. Mi vida giraba alrededor de ella y la de ella alrededor mío. Luego de su partida, yo tendré que inventarme otra vida. Por eso fue tan difícil al principio”, dijo.

De cara al proceso que terminará con su vida, y su sufrimiento, Martha se encuentra de buen humor, porque morirá de acuerdo a sus términos.

“Ahora, mi mamá va a morir el domingo a las 7 de la mañana. Y está feliz. Está feliz desde que sabe que le van a aplicar el procedimiento eutanásico. El domingo se va a hacer una cremación, se va a celebrar una eucaristía y… y ya, porque básicamente eso es lo que quiere. La voy a extrañar mucho. Yo creo que no hay nada que no vaya a extrañar, porque nada volverá a ser lo mismo. Nada. Desde su sonrisa y su berraquera y su buena actitud ante lo bueno y lo malo de la vida… hasta sus regaños. Todo me hará falta”, concluye Federico.