“Pertenecer a una dinastía política garantiza elementos tan decisivos en unas elecciones presidenciales estadounidenses”

Cristina García Casado

Corresponsal de la agencia EFE

Falta casi un año y medio para las elecciones presidenciales de Estados Unidos (EU) y los partidos aún no eligen su candidato, pero Hillary Clinton y Jeb Bush ya pelean como si fuesen los rivales definitivos.

La esposa del expresidente Bill Clinton y el hermano del exmandatario George W. Bush han intercambiado ataques entre sí, mientras ignoran a los demócratas y republicanos, respectivamente, que luchan por arrebatarles la candidatura.

En una entrevista con CNN, Hillary cuestionó a Jeb por no apoyar una reforma migratoria que otorgue la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que viven en EU.

De forma reciente, Bush aseguró que los estadounidenses debían “trabajar más horas” para que el país creciera, por lo que Clinton lo acusó de desconocer la realidad de los trabajadores.

Cuando Jeb lanzó de forma oficial su candidatura, en junio, criticó a Hillary por poner los derechos reproductivos de la mujer, como el acceso a anticonceptivos, sobre la libertad religiosa. 

Esto ocurre a pesar de que Clinton aún debe vencer a cuatro demócratas para obtener la candidatura y Bush necesita derrotar a 14 republicanos.

¿Rivales inevitables?

Cristina García Casado, corresponsal de la agencia EFE en Washington explica en entrevista con Reporte Indigo por qué hay analistas y ciudadanos que asumen que Hillary y Jeb serán los candidatos de sus partidos a la Casa Blanca. 

“Pertenecer a una dinastía política garantiza elementos tan decisivos en unas elecciones presidenciales estadounidenses”, expone, “como la capacidad recaudatoria, los contactos y que el candidato sea conocido entre los ciudadanos.

“En ese sentido, Clinton y Bush, cuyos apellidos han estado en la competición por la Presidencia o la Vicepresidencia en todos los comicios desde 1981 (salvo en 2012), parten con clara ventaja sobre sus competidores”.

Aun así, advierte García Casado, ambos carecen de la capacidad de sorprender al electorado y arrastran los errores políticos de sus antecesores. 

“La gestión de su predecesor familiar le está pasando más factura a Bush que a Clinton (su Presidencia es mucho más reciente). Jeb Bush, que se ha expuesto más a la prensa que Hillary, se ha visto ya comprometido y lo han atrapado en renuncios al preguntarle por temas como la Guerra de Iraq”, apunta la periodista. 

“Para muchos en Estados Unidos es difícil de creer que un tercer Bush sea presidente del país después de los niveles mínimos de popularidad con los que George W. Bush acabó su segundo mandato”. 

Pero, aunque Bill Clinton es uno de los políticos más populares de EU, García Casado señala que Hillary tendrá dificultades para consolidarse. 

“Hillary Clinton tiene que convencer primero al ala más progresista de su partido, que la ve demasiado moderada y afín a poderes como Wall Street.

“Además, las encuestas señalan que los ciudadanos la perciben como una política poco transparente, una imagen reforzada por la polémica que rodea a las donaciones extranjeras de la Fundación Clinton y al escándalo por su uso de un correo privado cuando era secretaria de Estado”.