Colgado de una grúa, un hombre sin zapatos y ropa holgada apareció sin vida en la ciudad de Herat, al noreste de Afganistán. Sobre su pecho reposaba un letrero de color blanco y letras negras en las que se leía: “Quien lleve a cabo un secuestro correrá la misma suerte”.

De acuerdo con medios locales, el hombre colgado había secuestrado a un empresario de la región y a su hijo con la ayuda de otras tres personas, quienes terminaron igual que él, muertos tras enfrentarse con la seguridad talibana.

Con esta escena, la cual presenciaron cientos de afganos el pasado fin de semana, el grupo fundamentalista volvió a las prácticas violentas que realizó durante su primer mandato antes de la llegada de las tropas estadounidenses en 2001, y a las cuales tanto temía la comunidad internacional.

Previamente, el pasado 24 de septiembre, el mulá Nooruddin Turabi ya había hablado al respecto, confirmándole a una reportera estadounidense de Associated Press que los castigos regresarían sólo con un objetivo: mantener la seguridad entre su población.

“Cuando se cuelga a alguien delante de todo el mundo es para dar una lección y se obtienen muy buenos resultados”, aseguró.

Ante este panorama, es el doctor Francisco Daniel Abundis, del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara, quien opina que este tipo de acciones se dieron porque los talibán comenzaron a sentirse cómodos luego de regresar a Afganistán hace poco más de un mes.

“Cuando tomaron Kabul habían prometido cambiar, pero conforme se han sentido más cómodos en el terreno fueron imponiendo sus condiciones (…) Y me queda claro que este es su verdadero rostro”, asegura.

Por su parte, el maestro Juan Manuel Aguilar, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, destaca que los insurgentes podrían volver a cometer la misma escena del pasado fin de semana, pues para ellos con esto le harían ver al resto de la sociedad afgana que pueden protegerla.

Además, de acuerdo con él, aunque estas medidas sin duda alejarían a su nueva administración del reconocimiento internacional, es una técnica para demostrar que van llevar a cabo un gobierno fuerte y un Estado consolidado que está en contra de prácticas como el secuestro y los robos.

“Sí puede haber una fuerte disyuntiva por el tema del extremismo al colgar cuerpos en la calle, pero también es un mensaje que están mandando a la población en general de que el nuevo gobierno desea consolidarse y que no se van a tolerar ese tipo de prácticas. Entonces, al ser un país con un grado muy fuerte de violencia e impunidad, esta visión hasta podría ser atractiva para algunos”, dice Aguilar.

La respuesta internacional sobre Afganistán

Y aunque la escena de un hombre colgando de una grúa dejó conmocionada a una multitud de gente a nivel mundial, hasta ahora ningún Estado ha hablado al respecto, y a futuro es poco probable que suceda.

El maestro Juan Manuel detalla que ver una postura por parte de la comunidad internacional será muy difícil, a menos de que se registre un acto donde violenten a otros actores como a los infantes, a las mujeres o a los periodistas.

“Si hubiera un evento muy fuerte mediáticamente habría un posicionamiento de los actores estratégicos de la región, como Turquía, tal vez Arabia Saudita, y por otra parte Europa y Estados Unidos, pero mientras sean este tipo de actividades criminales que busquen inhibir delitos se me hace un poco más difícil”, asegura.

Además, si los radicales llegaran a tener una relación más cercana con otros gobiernos como es el caso de China, Aguilar estima que la administración asiática no velaría por los derechos humanos o las medidas violentas, sino sólo por sus intereses económicos y comerciales.

“China no es un país que se meta en el ámbito de la política interna, es un Estado que se va solamente por la vía económica, pero también tenemos que entender que es una nación con un régimen dictatorial, autoritario, donde además hay mucha violación a derechos humanos”, asume.

En cambio, si se relacionara con países europeos, que es muy poco probable, éstos sí solicitarían cláusulas democráticas y de respeto a los derechos humanos si van a comenzar acuerdos comerciales.

En ese sentido, ante una comunidad internacional alejada al tipo de castigos de los talibán, el doctor Francisco Daniel Abundis opina que el grupo fundamentalista sin duda seguirá bajo una política en la que la muerte es un espectáculo para generar temor y, a su vez, cierta  popularidad.

“Este tipo de prácticas ellos argumentaron que serían bajo la Sharía o la Ley Islámica, y por ello estos castigos corporales nadie va impedir que los implementen, porque desde su lectura son fundamentales para mantener el estatus en la sociedad”, opina.

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