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DIEZCUENTOS

Los pibes que regalan diversión

Pedro Pablo Cortés

En una época en que la gente regala aparatos electrónicos, ropa y bebidas alcohólicas, Andrea, una niña argentina de 10 años, solo desea un poco de alegría y diversión.

Pero en Las Tunas, un barrio ubicado en las afueras de Buenos Aires, la pobreza y los vicios impiden que Andrea y miles de niños más puedan jugar en sus casas, donde la ausencia de los padres es una constante.


Dic 23, 2013
Lectura 6 min

"No es que la vida para ellos sea un juguete, sino que les falta el cariño y amor de la familia. Entonces van, y en la ludoteca encuentran eso y se van realegres a la casa"

- Brian Sosa

Voluntario

"Cuando uno pone las manos, se arremanga y se mete con el otro, eso es mucho más potenciador que lo que puede hacer el dinero, que es aportar y nada más”

- Nacho Rico

Voluntario

http://youtu.be/YTfp-Jh7v9k

En una época en que la gente regala aparatos electrónicos, ropa y bebidas alcohólicas, Andrea, una niña argentina de 10 años, solo desea un poco de alegría y diversión.

Pero en Las Tunas, un barrio ubicado en las afueras de Buenos Aires, la pobreza y los vicios impiden que Andrea y miles de niños más puedan jugar en sus casas, donde la ausencia de los padres es una constante.

Por fortuna, hay una organización argentina que sabe que los niños solo necesitan jugar y divertirse para ser felices. Y con esto en mente, creó las ludotecas, un sitio cuyo único objetivo es regalar la alegría que muchos pequeños no encuentran en casa.

“Es un lugar donde tu imaginación puede llegar muy alto, donde tus sueños pueden concretarse si tú pones tu mayor esfuerzo”, dice Andrea.

“Lo cuidan personas, y te cuidan a vos, te llena la pancita con algo calentito y te llena el corazón con muchos mimitos y amor”. 

Ángeles de felicidad

Quienes procuran la felicidad de los pequeños son los voluntarios de la asociación Potencialidades, que coordina la instalación de las ludotecas en los barrios pobres de la provincia de Buenos Aires.  

 Entre esos voluntarios están Nacho Rico y Brian Sosa, dos porteños que sostienen que el altruismo no debe basarse en el dinero que donan las personas, sino en la alegría que dan a los beneficiarios.

Brian, quien está en la ludoteca del barrio Bancalari, dice a Reporte Indigo que el desarrollo íntegro de los niños solo puede conseguirse cuando juegan, pues de esa forma se alejan del ambiente lleno de vicios que los rodea.

“Es un barrio que está encarecido, hay mucha droga, mucha delincuencia y los chicos sufren mucho maltrato. A los 5 o 6 años salen a juntar cartón para la familia y no tienen esa chance de tener un turno en el día de poder jugar o no tienen juguetes”, agrega.

“El juego para ellos lo que produce es alegría, creo que si ellos están alegres y bien espiritualmente, les va a ir bien en la vida. Si no tienen eso, tienen que buscar otras cosas”.

Los alejan de la crisis

La ludoteca es un escape para los pequeños que viven en las zonas más vulnerables de un país que en los últimos dos años ha experimentado un fuerte declive económico, un incremento de la tasa de inflación mayor al 10 por ciento anual y que es líder sudamericano en consumo de cocaína (2.7 por ciento de la población).

Nacho se sumó a la causa para revertir las desalentadoras estadísticas de Argentina en 2013: 42 por ciento de los niños viven en pobreza, casi 33 por ciento no festejaron su último cumpleaños y cerca del 81 por ciento no tienen acceso a espacios de recreación.

“El juego estimula las potencias, estimula el compañerismo, estimula la valoración personal, que uno se pueda sentir útil, que se divierta. La diversión genera alegría y también es una de las necesidades del chico”, señala. 

“También empiezan a conocer las reglas de la ludoteca, empiezan a respetarlas y a saber que si quieren estar ahí, las tienen que respetar, y eso también es educación en el compromiso”.

La educación más importante que le dan a los chicos, expone Brian, es que el maltrato y la violencia no son la manera de resolver las cosas.

“Como están acostumbrados al maltrato y a que no les den importancia en la casa, ellos te vienen con mucha agresividad a la ludoteca”, indica, “pero vienen con eso porque les enseñan eso en la casa.

“Llegan y descargan todo eso en juegos, no saben qué hacer con esa energía y esperan la hora de la ludoteca para llevarla ahí”.

Vida de servicio

Mientras algunos creen que un donativo económico es suficiente, Nacho Rico y Brian Sosa han regalado dos horas diarias de su tiempo, durante cuatro años,  a niños que aprecian la atención y el cariño sobre cualquier otra cosa.

Con su dedicación, esperan que los chicos desarrollen sus capacidades y que en un futuro puedan incorporase al mercado laboral de forma exitosa para mejorar su situación social, tal como lo indica la misión de Potencialidades.

“No es que la vida para ellos sea un juguete, sino que les falta el cariño y amor de la familia. Entonces van, y en la ludoteca encuentran eso y se van realegres a la casa, y al otro día quieren volver”, explica Brian.

“La ludoteca es parte del barrio. De alguna forma, va siendo cada vez más parte de él”, añade Nacho.

Los voluntarios saben que las siete ludotecas que se han construido desde 2005 tienen  como materia prima el servicio, pues para ayudar de verdad, hay que adentrarse en la vida de los necesitados.

“Cuando uno pone las manos, se arremanga y se mete con el otro, eso es mucho más potenciador que lo que puede hacer el dinero, que es aportar y nada más”, subraya Nacho.

“Una de las misiones es liberar el potencial de los chicos, y siempre me asombra que los chicos son capaces de lo peor y de lo mejor. Así como son capaces de la violencia, la agresividad y de salir a robar, son capaces de enfrentar situaciones muy adversas”.

El objetivo de Potencialidades es contribuir al desarrollo psicosocial de los chicos a través del juego, por eso los voluntarios aprecian las sonrisas de los pequeños como si fuesen oro.

“Yo no tengo plata, pero siento que ayudo cuando abrazo a un chico o juego a la pelota con él, porque lo estoy ayudando mejor que dándole plata o cualquier cosa”, asevera Brian.

“Cuando ven que llego yo o un voluntario, van corren y te abrazan. Vos llegas ahí con ellos con un juguete o una bici y van y te abrazan, te preguntan cosas, son muy curiosos. Les gusta mucho que los abracen y que les pregunten que cómo están”.


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