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TRADICIONES

La huesuda baila en AL

Mariana Recamier

México no es el único país que celebra el Día de Muertos. Desde el sur hasta las islas caribeñas, las naciones de América Latina recuerdan a sus difuntos con música, papalotes, rituales vudú y mucha comida


Nov 2, 2018
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El Día de Muertos no es una festividad exclusiva de México. La huesuda baila en todo América Latina. Los primeros días de noviembre el continente huele a flores y rememora a las personas queridas que ya no están. Es una fecha en la que se abre un portal y los latinoamericanos se sientan a la mesa con sus muertos.

En noviembre, mexicanos, haitianos, bolivianos y ecuatorianos tienen en común que visitan a sus ancestros queridos en los panteones. Las personas recuerdan la muerte y celebran la vida con rituales que tienen su origen en las culturas indígenas cosmoteístas, pero también elementos e interpretaciones de la religión católica.

Elio Masferrer Kan, doctor en antropología, explica que el Día de Muertos en Latinoamérica es una festividad que bebe de dos tipos de religiones: cosmoteístas y monoteístas.

El también especialista en antropología de las religiones comenta que los credos cosmoteístas consideran sagrados los elementos de la naturaleza y el contexto social como es el caso de las creencias de los pueblos originarios. Al contrario, las monoteístas separan lo sagrado de lo profano como lo hace el catolicismo.

El Día de Muertos logra un sincretismo entre los dos tipos de religiones. Esto se debe a la colonización de América Latina por naciones europeas con creencias católicas y la conservación de elementos indígenas en esta doctrina.

“El catolicismo latinoamericano tiene elementos cosmoteístas de las religiones precristianas y por eso se plantea que el mundo de los muertos coexiste con el de los vivos por un día”

- Elio Masferrer Kan

Especialista en antropología de las religiones

El sincretismo religioso del Día de Muertos es evidente en la idea principal que le da forma: el regreso de los difuntos al plano de los vivos. El catolicismo concibe el alma como la esencia inmaterial que abandona el mundo cuando muere el cuerpo, sin embargo, de acuerdo a la creencia popular el espíritu de los difuntos regresa el 2 de noviembre y es capaz de consumir alimentos y bebidas, es decir, goza de cierta materialidad.

“En definitiva hay la noción de materialidad del alma en la tradición, en cambio, en la concepción judeocristiana el alma es una sustancia inefable que no tiene materia y se va lejos para no volver”, señala el doctor en antropología.

La unión entre el catolicismo y la cosmovisión de los pueblos originarios es lo que hace posible que tantos países en América Latina celebren el Día de Muertos. El hecho de que compartan las mismas raíces religiosas provoca tradiciones similares en todo el continente.

En la mayoría de los países predominan los altares u ofrendas, el uso de flores relacionadas con la muerte y alimentos propios de la estación.

Naciones como Guatemala, Bolivia y Ecuador tienen sus propias costumbres para celebrar esta fecha, pero conservan el objetivo del Día de Muertos mexicano: comunicarse con los difuntos.

En casi todos los territorios se respetan las dos festividades católicas: el 1 de noviembre es el día en que regresan las almas de los niños y el 2 el espíritu de los adultos.

No obstante, otros países del continente realizan celebraciones más apegadas a las tradiciones de pueblos originarios o de religiones africanas, como es el caso de los haitianos que rememoran a sus fallecidos con una festividad vudú.

Guatemala

Papalotes para hablar con los difuntos

Guatemala tiene sus propias tradiciones para conmemorar a los muertos. Los guatemaltecos celebran el Día de Todos los Santos el 1 de noviembre con un evento que llena el cielo de colores en Sumpango, Sacatepéquez.

Los habitantes de esta ciudad guatemalteca usan papalotes gigantes de colores que se llaman barriletes para conectarse con sus parientes fallecidos. Las cometas sólo están hechas de materiales naturales como papel de arroz y bambú.

De acuerdo con la tradición, los espíritus pueden identificar a los miembros vivos de su familia por los diseños y colores de cada barrilete y se cree que se comunican con ellos a través del hilo del artefacto.

Los barriletes se colocan en exhibición antes de ser levantadas hacia el cielo. Al final del día, se queman cerca de los cementerios, lo que permite que los muertos regresen a sus lugares de descanso. Si los papalotes no se queman, los guatemaltecos dicen que el espíritu no está listo para volver.

Bolivia

Pan con cara de muerto

En Bolivia se tiene la creencia de que a mediodía del 1 de noviembre las almas de los difuntos descienden desde los cielos para comer y beber lo que en vida les gustaba, y por ello, se montan altares con alimentos y bebidas.

La celebración es similar a la mexicana, sin embargo, los bolivianos preparan panes que no se encuentran en las ofrendas de México, tales como hogazas en forma de escaleras y de llamas, los animales característicos del altiplano.

Los panes que destacan son las tantawawas, una hogaza con forma de persona que lleva una cara hecha de cerámica. Si representa a un adulto mayor o achachis se les llama tanta achachis (abuelos de pan).

En La Paz, donde esta costumbre está muy arraigada, se instala una feria en la plaza de San Francisco en la que decenas de comerciantes venden desde unos días previos los panes típicos del Día de Muertos.

Haití

Ritual vudú

Haití es uno de los países en los que predominan las tradiciones africanas para conmemorar a los difuntos. El 2 de noviembre, las personas acuden a los cementerios con velas de cera de abeja, ofrendas de alimentos y botellas de ron para celebrar la festividad vudú del Día de Muertos.

En el extenso cementerio nacional de Puerto Príncipe, sacerdotes y sacerdotisas del vudú se reúnen alrededor de un monumento ennegrecido que se cree es la tumba más antigua.

En el lugar, encienden velas y pequeñas fogatas mientras evocan el espíritu del Barón Samedi, el guardián de los muertos, al que se describe como un ser con sombrero de copa y cara de calavera blanca.

Algunos toman buches de ron picante y lo rocían sobre la cruz de la tumba antigua. También muestran su respeto a los sacerdotes o sacerdotisas que bailan.

Otros se reúnen entre las lápidas para recordar en silencio a sus parientes fallecidos y pedir a los espíritus que los guíen o les concedan favores.

El vudú se desarrolló en el siglo XVII cuando los colonos llevaron a Haití esclavos procedentes del oeste de África.

Ecuador

Bebida antiquísima

Al igual que México, Ecuador celebra el Día de los Difuntos el 2 de noviembre con ceremonias que mezclan la fe católica y cristiana con la cultura indígena. En esa fecha, muchos campesinos acuden a los cementerios con comida para compartir con sus muertos a los que se pretende recordar y agradecer su contribución en vida.

De acuerdo con la cosmovisión andina, la muerte proporciona contacto con el más allá y hace posible el flujo constante de energía entre tres planos: el mundo oscuro de los muertos, el de los vivos y el mundo de arriba. Es por eso que los fallecidos pueden regresar a sus hogares en el Día de los Difuntos.

Los alimentos son un aspecto principales de las celebraciones. Los ecuatorianos preparan para estas fechas colada morada, bebida dulce a base de frutas, especias y harinas, cuyo origen es andino y se remonta a hace más de 5 mil años.

También proliferan las guaguas de pan, alimento de trigo con forma de figura humana que representa la costumbre precolonial de desenterrar los cadáveres de seres queridos para celebrar con ellos. Guaguas es una voz en quechua que significa niños.


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