La emergencia sanitaria amenaza con ampliar la brecha de género que existe en el mundo. Con el confinamiento para mitigar los contagios de COVID-19, las mujeres están más expuestas a vivir situaciones que van desde las afectaciones económicas hasta el aumento de las labores no remuneradas.

Esta situación ha encendido las alertas de organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los cuales consideran que esta crisis frenará el progreso de los últimos 30 años para acortar la brecha de la inequidad de género.

En el mundo hay más de siete mil millones de habitantes y de ellos 49.5 por ciento son mujeres, de acuerdo con datos de la ONU, y con el confinamiento la mayoría se encuentra en una situación vulnerable, dado que se han incrementado sus labores no remuneradas y de cuidado como resultado del cierre de escuelas y las necesidades de atención de las personas mayores.

También están los casos de aquellas mujeres que se han quedado sin empleo o que trabajan en sectores como el de servicios, turismo, consumo o salud -en plazas como mucamas o enfermeras-, por lo que están expuestas a contraer la enfermedad.


La desigualdad económica está construida sobre la desigualdad de género, por ello las mujeres estamos en la parte más baja de la pirámide y tendremos más probabilidades de ocupar empleos precarios

Lizbeth Ortiz

Doctoranda en Estudios de las Mujeres y de Género en la Universidad de Granada

“Las mujeres han quintuplicado sus labores para poder perseverar sus empleos y además han tenido que aceptar una reducción en el salario”, opina Lizbeth Ortiz Acevedo, doctoranda en Estudios de las Mujeres y de Género por la Universidad de Granada.

La ONU estima que con la pandemia las oportunidades económicas serán menores, por ello para el organismo internacional es imperante que las niñas y las mujeres estén al centro de los esfuerzos para la recuperación de los países.

“Casi el 60 por ciento de las mujeres en todo el mundo trabajan en la economía informal, ganan menos, ahorran menos y corren un mayor riesgo de caer en la pobreza. A medida que las empresas cierran, millones de empleos de mujeres han desaparecido”, declara António Guterres, secretario general de la ONU.

Por su parte, el FMI considera que los empleos en los que la mayoría de las mujeres se desarrolla requieren ser presenciales, por lo que un alto porcentaje no tiene opción al trabajo remoto.

En Estados Unidos, alrededor del 54 por ciento de las mujeres que se emplean en sectores sociales no pueden teletrabajar. En Brasil esta cifra aumenta a 67 por ciento y en los países de bajos ingresos la cifra crece a 88 por ciento.

Esta situación pone en riesgo a la economía en el mundo. En Colombia, la pobreza de las mujeres aumentó 3.3 por ciento debido al cierre de las actividades por el confinamiento, destaca el FMI.

“Esto responde a la división sexual del trabajo en donde las mujeres hemos estado destinadas al ámbito privado y al no reconocimiento de labores, mientras que los hombres lo hacen en el ámbito público, con reconocimiento y saturación”, opina Ortiz Acevedo.

Otros efectos de género del COVID-19

Para la ONU, todas las emergencias que se presentan por motivo de una pandemia suelen poner en un riesgo mayor a las niñas y mujeres. En la mayoría de los países en desarrollo, las niñas se ven obligadas a abandonar la escuela para ingresar al mercado laborar con el fin de apoyar con los ingresos de sus familias.

Una investigación realizada por el Fondo Malala destaca que el número de niñas que no asistían a la escuela casi se triplicó en Liberia después de la crisis del ébola. Sin acceso a la educación, ellas pierden la oportunidad de tener mejores empleos en el futuro frente a sus pares hombres y mantienen el ciclo de pobreza entre las mujeres.

El panorama empeora en India, en donde los sitios web de matrimonio han reportado un aumento del 30 por ciento en los nuevos registros desde que inició la crisis por el coronavirus, ya que las familias organizan los matrimonios para asegurar el futuro de sus hijas.

El confinamiento también ha provocado un aumento en la violencia de género. De acuerdo con la ONU, en el último año una de cada cinco mujeres en el mundo ha experimentado violencia y muchas de ellas ahora están atrapadas en casa con sus abusadores.

Con el aislamiento, las llamadas de auxilio de mujeres víctimas de violencia en China se triplicaron. En España el aumento fue de 18 por ciento y en Francia de 30 por ciento, datos que indican que existe un riesgo en todos los países, señala la ONU.

En este sentido, la organización recomienda a los gobiernos incrementar los recursos para los programas de apoyo y facilitar los medios para las denuncias de violencia de género y que refugios y centros de atención a mujeres aumenten su capacidad de atención a las víctimas.

Es por ello que organismos internacionales llaman a los creadores de las políticas públicas a establecer las condiciones e incentivos para que las adultas se sumen al mercado laboral, y así, eliminar las restricciones al empoderamiento económico de las mujeres y fomentar una recuperación inclusiva después de la crisis por el COVID-19.

“La precarización por COVID-19 sin duda tiene rostro de mujer. No supone un gran trabajo para remontar ya la difícil situación de la desigualdad de género, pero sin duda, esta es una gran oportunidad para replantear las políticas públicas en este sentido”, declara Lizbeth Ortiz Acevedo.

También puedes leer: El golpe más fuerte de la pandemia para las mujeres