¡Tu navegador no soporta JavaScript!
Latitud
Nacional

ARMASDEFUEGO

Hillary contra la poderosa NRA

Andrea Montes Renaud

Si contamos los tiroteos masivos y los homicidios por armas de fuego en Estados Unidos nos encontraríamos con un fenómeno atípico y extremo en comparación con las experiencias de otros países.


Ago 14, 2016
Lectura 6 min

28

Los ingresos totales de la NRA –que incluyen las cuotas de afiliación, honorarios del programa y otras contribuciones–, aumentó a casi 350 millones de dólares en 2013 

Si contamos los tiroteos masivos y los homicidios por armas de fuego en Estados Unidos nos encontraríamos con un fenómeno atípico y extremo en comparación con las experiencias de otros países.

El número de muertos por arma de fuego fue de 11 mil 961 en 2014, según el FBI. Los ataques de París que causaron la muerte de 130 personas, representan la cantidad de fallecidos por armas en un año normal en toda Francia: en Estados Unidos, la tasa de mortalidad por homicidios con armas es de 31 por cada millón de personas, es decir, a que 27 personas sean tiroteadas todos los días del año.

¿Hillary Clinton podría realmente modificar la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, tal y como afirma Donald Trump?

En el escenario hipotético de que, por un lado, este señalamiento sea cierto, Clinton se deberá enfrentar a un lobby extremadamente bien establecido, tanto en las esferas del poder en Washington, como en el ámbito estatal, encabezado por la famosa Asociación Nacional del Rifle (NRA).

¿El Lobby más poderoso del mundo?

La NRA fue creada en 1871, y es la asociación más antigua en la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos. 


A pesar de las numerosas matanzas que ha sufrido Estados Unidos este año, la Asociación se encuentra actualmente liderando el lobby pro-armas en Washington y no duda en gastar millones de dólares anuales para presionar a los miembros del Congreso de Estados Unidos y asegurar su apoyo, con el fin de que una legislación para el control de armas no sea bien recibida.

Presidida desde 2015 por Allan D. Cors – un hombre de negocios republicano –, la NRA es una de las mayores asociaciones del país y cuenta con el apoyo de 5 millones de seguidores.

Algunos más famosos que otros, como Chuck Norris o Whoopi Goldberg, por ejemplo. Pero los que financian las batallas políticas de la Asociación Nacional del Rifle son los ciudadanos de a pie, y van desde un farmacéutico de algún pueblo pequeño, hasta a un piloto comercial.

Los ingresos totales de la organización – que incluyen las cuotas de afiliación, los honorarios del programa y otras contribuciones –, se han disparado en los últimos años gracias a una explosión de donaciones privadas, aumentó a casi 350 millones de dólares en 2013.

Con estos fondos, la NRA recluta más miembros, y difunde su programa pro-armas; pero también, influye las leyes y mantiene a sus líderes en el poder.

Gran parte de los financiamientos políticos provienen de grandes corporaciones, -muchas dedicadas a la industria de las armas –, que donan millones de dólares a la asociación. Y aunque las empresas tienen prohibido donar al comité de acción política de la NRA, el organismo utiliza el dinero de miles de norteamericanos para anuncios publicitarios  y mensajes a favor y en contra de los candidatos.

¿La razón? El temor a un control más estricto por parte de la administración de Obama, que nunca ocultó su deseo de someter la venta de armas de fuego a una legislación.

Un historial de matanzas 


Paradójicamente, las donaciones a la asociación por armas aumentaron después de la matanza en la escuela Sandy Hook, en diciembre de 2012, donde 20 niños y seis adultos murieron. La matanza vino después de la reelección de Barack Obama a la Casa Blanca.

Después de la matanza de San Bernardino, que acabó con la vida de 14 personas a finales de 2015, los demócratas del Senado pusieron una enmienda para prohibir la venta de armas de fuego a las personas con antecedentes de robo, fuera o dentro de Estados Unidos.

El New York Times cuenta cómo Chris Cox, jefe de este grupo de presión dentro del Congreso activó inmediatamente sus redes de presión, con el apoyo de una docena de otros grupos, después de la matanza para que la NRA se asegurara que los senadores republicanos rechazaran esta medida. Además de instar a sus 5 millones de miembros de oponerse a cualquier nueva propuesta que regulara de la portación de armas.

Y como era de esperar, el Senado rechazó abrumadoramente la propuesta demócrata, así como el proyecto de ley para expandir los controles de antecedentes de los compradores, aunque esta última fuera apoyada por el 90 por ciento de los estadounidenses en las encuestas. 

Las mismas propuestas demócratas volvieron al Congreso después del tiroteo que mató a 49 personas en Orlando el 12 de junio del 2016, y tuvieron el rechazo casi unánime de los senadores republicanos.

Financiación de las elecciones


Para garantizar el apoyo del Congreso, la NRA y otras asociaciones de defensa para la portación de armas inyectan millones de dólares en estos lobbies, o grupos de presión.

Los gastos de la Asociación Nacional del Rifle, han experimentado aumentos sustanciales desde 2009, fecha en que Barack Obama accedió al poder.

Según cifras compiladas por el Centro para la Política Responsable (Center for Responsive Politics), una organización no lucrativa y apartidista, que identifica los gastos de cabildeo en Washington registrados cada año, en 2009 y 2013, el día después de la elección y reelección del presidente demócrata, estos gastos aumentaron 500 mil dólares.

Y nada más en 2015, la NRA gastó en actividades de presión política la cifra récord de 3.6 millones de dólares, invirtiendo siete veces más que el conjunto de asociaciones que defienden el control de armas.

Pero en el 2014 la Asociación gastó casi 28 millones de dólares para financiar las campañas electorales de los candidatos favorables a sus intereses.

La NRA invierte una cantidad mucho mayor que lo gastado por las organizaciones pro control de armas, por lo que es seguro que aunque el programa de Clinton no propone, hasta el momento, abolir la Segunda Enmienda de la Constitución y aunque Donald Trump asuste a sus seguidores de que lo hará, abolirla sería una misión – casi – imposible.
 


Notas relacionadas

Feb 2, 2018
Lectura 2 min

Comentarios