Reino Unido y la Unión Europea entraron a la etapa más crítica de su separación sin lograr establecer las reglas para la que sería la relación comercial que iniciará el 1 de enero de 2021, cuando se consume el Brexit.

En un último esfuerzo para evitar un “divorcio” abrupto, Boris Johnson, primer ministro británico, viajó a Bruselas para conversar con la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, con el fin de destrabar las negociaciones, que no han logrado avances desde septiembre.

Esta reunión entre líderes, quienes habían dejado todo el proceso en manos de los negociadores, se presenta como una oportunidad para desbloquear las estancadas conversaciones comerciales y como un primer resultado, acordaron dar un respiro y aplazar hasta el próximo domingo 13 de diciembre el límite para cerrar las cláusulas del acuerdo comercial que seguirán después del Brexit.

Johnson y Von der Leyen tenían la misión de restaurar las mesas de negociación durante una cena que se desarrolló en la sede de la Comisión Europea. Por ahora ninguna de las partes ha hecho público si abordaron los temas, como el control aduanero en las fronteras de Escocia o los derechos pesqueros que Reino Unido se niega a ceder, por lo menos hasta ahora.

43

por ciento de los envíos de productos británicos llegan a los países europeos

Los equipos negociadores, dirigidos por Michel Barnier en el lado de la comunidad europea y por David Frost por Reino Unido, deberán reanudar sus encuentros para tomar una decisión hacia el fin de semana, de acuerdo con un mensaje que compartió la líder de la Comisión Europea a través de su cuenta en la red social Twitter.

Sin embargo, la Comisión Europea dejó claro que aún hay diferencias en las postura de cada una de las partes negociadoras y no está claro si se podrán superar, no obstante, el encuentro fue calificado como “una discusión animada e interesante sobre la situación en la lista de temas pendientes”, por Von der Leyen.

“Las diferencias están en la mesa mientras que el mensaje de la reunión da aire sobre todo a Reino Unido, que se encuentra en cierta incertidumbre respecto a lo que vendrá para su economía y su población sin el amparo de Europa”, declara Alfredo Rodríguez, historiador por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Nudos comerciales de Reino Unido y la Unión Europea

Sin un tratado de libre comercio, Reino Unido y la Unión Europea operarían bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a partir del 1 de enero del próximo año, lo que significa la imposición de pagos arancelarios sobre los bienes, lo cual impactaría el precio de productos importados para los consumidores finales.

En este sentido, hay que considerar que el 43 por ciento de los envíos de productos británicos llegan a los países europeos y el pago de aranceles elevará sus precios finales para los compradores frente a los de otras regiones como la africana.

Asimismo, como miembro del bloque de los 27 países, Reino Unido tenía acceso a aproximadamente 40 acuerdos comerciales que la Unión Europea tiene con más de 70 países, por lo que el gobierno británico también deberá emprender la tarea de crear sus acuerdos comerciales con otras naciones.

Por ahora, Reino Unido y la Unión Europea comparten las mismas normativas respecto a derechos de los trabajadores, la competencia y la política ambiental, conocidas como reglas de igualdad de condiciones. El bloque busca que Londres las mantenga activas para evitar que las empresas locales tengan ventaja, lo que tampoco ha sido aceptado por los británicos.

40

acuerdos comerciales de la UE son a los que tenía acceso el gobierno británico

Los derechos pesqueros también son otro de los temas espinosos. Reino Unido quiere que sus aguas estén abiertas sólo para los británicos, como uno de los símbolos más importantes de su soberanía, mientras que la Unión Europea quiere acceso para sus barcos, especialmente franceses, por lo que han buscado lograr un “trato justo” para avanzar en el acuerdo de libre comercio.

Al complejo panorama se añade que durante las últimas semanas Michel Barnier, el negociador europeo, dejó entrever que las reuniones técnicas habían alcanzado su límite y que no había más capacidad de avanzar hacia un pacto final.

Por ahora, el primer ministro británico dio un guiño a la Comisión Europea después de echar para atrás la Ley de Mercado Exterior, que había sido calificada por los negociadores del bloque como una violación al Acuerdo de Separación.

“La Unión Europea y Reino Unido están acabándose el tiempo, pero con la reunión entre los representantes está en el aire la posibilidad de que cierren los eslabones que les faltan o, en otro caso, den una prórroga para dar por terminado su acuerdo comercial”, comenta Alfredo Rodríguez.

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