Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue galardonado en 2009 con el Premio Nobel de la Paz, las reacciones fueron encontradas. Mientras que unos celebraron, otros juzgaron  de anticipada o errónea la decisión del comité sueco.  

El propio Obama se dijo “sorprendido” y aseguró que el premio sería un “desafío”.

Pero el reto se complicó hace unos días, cuando tuvo que decidir entre atacar o no al régimen sirio por el presunto uso de armas químicas. Contrario a lo que algunos esperaban, el mandatario optó por intervenir y ahora solo espera la aprobación legislativa.

Inmediatamente después del anuncio, las críticas  hacia Obama resurgieron.

En redes sociales, ciudadanos estadounidenses y de todo el mundo desaprobaron su decisión de atacar militarmente a Siria, argumentando que va en contra de las cualidades que le reconocieron en 2009. 

En ese entonces se le premió “por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.

Académicos e incluso otros Premio Nobel han pedido que el reconocimiento  le sea retirado y han juzgado a su gobierno como un “peligro” para el equilibrio internacional.