El documental estrenado recientemente sobre Edward Snowden llamado “Citizen Four” (el cuarto ciudadano) es absorbente, principalmente debido a que llegamos a ver desde muy cerca al hombre detrás de la controversia. Y sale bien, aparece como un hombre considerado, que se sabe expresar, un poco nervioso pero inteligente y con buenas intenciones. Digo esto como alguien que cree que Snowden quebrantó la ley y debería rendir cuentas, pero que también reconoce que realizó un servicio público al revelar un vasto sistema de vigilancia nacional que carece de una supervisión democrática y controles jurídicos. Hay una manera de acercar estas dos posturas: un juicio. 

Recientemente, vía satélite, Snowden dijo en el festival neoyorquino que le “encantaría” someterse a juicio en los Estados Unidos. Y debería. Lo que ha hecho pasaría de ser un robo a una desobediencia civil. 

Snowden explicó a Jane Mayer en el evento neoyorquino: “le he comentado al Gobierno una y otra vez en negociaciones que si están preparados a ofrecer un juicio público y justo … y si me permiten exponer mis argumentos al jurado, desearía hacerlo. Pero se han rehusado. …  Desean un tribunal a puertas cerradas. Desean utilizar algo llamado la Ley de Procedimientos para Información Clasificada (CIPA)”. 

Sin embargo, los expertos juristas que consulté, ninguno de ellos conservadores incondicionales ni halcones de seguridad nacional, sintieron que Snowden pudiera obtener un juicio justo. Norman Abrams, de la Universidad de California de Los Ángeles, facultad de Derecho, me dijo que el problema no es la Ley de Procedimientos para Información Clasificada. El Gobierno trataría de probar que Snowden quebrantó la ley al filtrar documentos clasificados del Gobierno. Snowden querrá presentar una defensa que explique sus motivos y los beneficios que resultaron de sus acciones. Abrams mencionó que el problema no es la CIPA sino que “generalmente, los motivos y razones para llevar a cabo el acto no son elementos de un crimen y los juicios están limitados a la prueba del crimen y a las respuestas a dicha prueba”. 

Snowden ha argumentado que denunciantes previos, tales como Thomas Drake de la Agencia de Seguridad Nacional, no obtuvieron un juicio justo. Pero el estudioso de la Universidad de Texas, Robert Chesney, fundamenta que esto es “un argumento de una anécdota” y que cada juicio y juez es diferente. Él también cree que es posible que Snowden obtenga un juicio justo, a pesar de que habría una tensión entre el deseo de Snowden de “someter a juicio a la Agencia de Seguridad Nacional” y los esfuerzos del tribunal de mantener el ámbito del juicio más limitado. 

David Pozen, de la Universidad de Columbia, dijo que es muy probable que el Gobierno realice algunas presentaciones en secreto a un juez respecto al daño producido por las revelaciones de Snowden. Sin embargo, señaló que lo interesante del caso de Snowden es “que ya ha sido tan altamente publicitado, que el hecho básico de las revelaciones es una vieja noticia, así como lo es la mayor cantidad de su contenido, parte del cual ha sido desclasificado. El temor de Pozen es la falta de una defensa de “interés público” establecida para aquellos que filtran información que desean argumentar que sus acciones atendieron a valores constitucionales importantes. 

El aspecto más sorprendente de las importantes revelaciones de Snowden acerca de la inteligencia extranjera es sus consecuencias limitadas. Esto se debe a que la mayoría mostró al Gobierno estadounidense realizando, en secreto, lo que ha afirmado que están haciendo públicamente: luchar contra los talibanes, espiar a países tales como Pakistán y buscar a individuos de Al-Qaeda alrededor del mundo. Las revelaciones también mostraron operaciones de rutina de la inteligencia extranjera. 

Algunas de estas se justifican, tales como la piratería de los sistemas informáticos chinos, algo que Pekín lleva a cabo en otros países en una escala mucho mayor. Otras, fueron imprudentes, tales como pinchar las líneas de los líderes de Brasil y Alemania. Pero ninguna de ellas es moralmente escandalosa. 

 Bernard Kouchner, anterior ministro francés de asuntos exteriores, dijo en el momento de las revelaciones: “seamos honestos. También escuchamos a escondidas. Todo el mundo escucha a todo el mundo. Pero no tenemos los mismos medios que Estados Unidos, lo cual nos pone celosos”. 

La administración de Obama debería poner en claro que Snowden obtendría un juicio abierto y civil en Estados Unidos. Y Snowden debería volver a casa y exponer sus argumentos. 

Obviamente fundamentará que las leyes que quebrantó eran inconstitucionales, que ha cambiado el Gobierno de Estados Unidos para bien y que sus acciones están protegidas bajo la primera Enmienda. 

“Su mejor apuesta en el juicio”, me comentó Chesney, “sería probablemente que convenza al menos un juez de que actuó moralmente y que, por consiguiente, el jurado no debería declararlo culpable, sí o sí. A esto lo llamamos anulación por jurado; es una estrategia sólida a seguir”. Y aun si perdiera, el fallo puede tomar en cuenta cuestiones más amplias, tales como la motivación y las consecuencias. 

Podría ser el juicio del siglo, en el cual salga a la luz algo que ha estado oculto en la profundidad de las sombras por demasiado tiempo. Y esto es lo que Snowden dice que ha querido desde un principio.  

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