El presidente turco Recep Tayyip Erdogan declaró ayer un Estado de excepción por tres meses después de un fallido intento de golpe de Estado, y dijo que eliminará de las fuerzas armadas el “virus” de la subversión y otorgará al gobierno poderes extraordinarios para ampliar medidas de fuerza que ya han incluido arrestos masivos y el cierre de cientos de escuelas.

Erdogan, quien fue acusado de conducta autocrática antes de la insurrección, dijo que la medida contrarrestaría las amenazas a la democracia turca. Posiblemente anticipando nerviosismo por parte de inversionistas, el mandatario criticó a Standard & Poor’s por degradar la calificación crediticia de Turquía aún más abajo en el estatus de “basura”, y dijo que el país continuará siendo financieramente disciplinado.

El Presidente no anunció detalles, pero la medida de seguridad podría facilitar detenciones más largas para muchas de las casi 10 mil personas que han sido arrestadas desde que aplastaron la rebelión que comenzó el viernes por la noche y terminó el sábado.