Ayer se celebró el Día Internacional de los Trabajadores.

En su origen, esta jornada festiva se instauró para conmemorar a los Mártires de Chicago, unos sindicalistas anarquistas que fueron asesinados por participar en las huelgas que reivindicaban la jornada laboral de ocho horas.

Sin embargo, con el paso del tiempo se ha olvidado el origen, aunque no la razón de ser de este día: exigir que se garanticen los derechos de los trabajadores.

Este año, el cuarto desde que inició la crisis económica mundial, el Primero de Mayo adquiere mayor sentido.

No sólo porque siguen sin respetarse los derechos de los trabajadores, sino por la falta de trabajo.

Según Viviane Forrester en su libro El Horror Económico, la sociedad actual considera que el derecho a la vida pasa por el deber de trabajar.

El problema es que, actualmente, no se puede garantizar el acceso al mundo laboral a toda la población mundial porque, tal y como se entiende el trabajo en un mundo cada vez más virtual, hay personas que no son necesarias para el mantenimiento del orden económico actual.

Panorama desolador

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Tendencias Mundiales del Empleo 2012, la previsión de desempleados a nivel mundial es de 200 millones pudiendo llegar a los 204 y situándose en una tasa en torno al 6 por ciento.

De los 200 millones, la OIT calcula que unos 27 millones están sin empleo a causa de la crisis –contando desde 2007.

Además, la OIT habla de un fenómeno que no se incluye en esas cifras: los “desengañados”.

Se trata de personas que no están empleadas y que han dejado de buscar trabajo porque consideran que no hay sitio para ellas en el mercado laboral.

La cifra estimada de “desengañados” es de 29 millones.

La otra cuestión, la de la garantía de los derechos de los trabajadores, también está a la orden del día.

La OIT calcula que hay mil 520 millones de trabajadores en situación de vulnerabilidad. Cifra que sufrió un aumento de 136 millones desde 2000 y de casi 23 millones desde 2009.

Por todo esto, el Primero de Mayo de 2012 estuvo lejos de ser una fiesta celebrada simplemente “por tradición”.

Con reivindicaciones que variaban de un país a otro, el Día del Trabajo se celebró en países como Taiwán, Tailandia, Rusia, Francia, Grecia y España.

En Taiwán los manifestantes pedían sueldos más altos, reducción de tasas educativas o mejores condiciones laborales. En Tailandia, la aplicación del salario mínimo…

En Filipinas, algunos grupos han prendido fuego a efigies del presidente, Benigno Aquino III.

En Rusia, además de los derechos de los trabajadores, se expresaba el rechazo al aumento de la edad legal de jubilación.

En Grecia, uno de los países europeos más sacudidos por la crisis y el problema de la deuda, se hacía hincapié en los recortes del gasto público.

En Francia, se convocaron 289 manifestaciones, algunas de las cuales, como la de Marsella, terminaron en disturbios.

También en España alrededor de un millón de personas salieron a la calle en 80 ciudades ante las alarmantes cifras del paro (5.6 millones) y ante los recortes impuestos por el gobierno de Mariano Rajoy, que ya suman más de 10 mil millones en sanidad y educación.