La integridad de Iraq ha sufrido un fuerte golpe en los últimos días. 

Ayer, apenas un día después de que Mosul, la segunda ciudad más grande del país, fuera tomada por el grupo separatista Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés), la ciudad de Tikirit cayó en manos de militantes yihadistas. 

Aproximadamente medio millón de personas han huido de Mosul después de que fuera sometida el pasado martes. 

A partir de la toma de estas dos ciudades estratégicas, el grupo fundamentalista ya controla una región que se extiende por todo el norte del país.

Por su parte, el primer ministro de Iraq, Nuri al Maliki, declaró que las fuerzas de seguridad del país derrotarían a los separatistas, quienes están vinculados a Al Qaeda. Sin embargo, la cadena de noticias France 24 reportó que las fuerzas de seguridad iraquíes en Mosul “simplemente se derritieron” tras los ataques del martes.

Al Maliki le pidió al Parlamento declarar estado de emergencia, y anunció que armaría a los ciudadanos para que ayuden a luchar contra los militantes.

No se divisa solución

Leela Jacinto, analista de la cadena noticiosa France 24, describió ayer la situación como una “tormenta perfecta”. 

“Lo que vemos es un grupo militante fundamentalista que incluso Al Qaeda no puede controlar, y que ha extendido su dominio territorial más allá de las fronteras de Iraq. Vemos superpotencias sectarias que están luchando una guerra ajena por la supremacía dentro del país. Vemos el colapso del que alguna vez fue un poderoso ejército nacional y, finalmente, políticos locales peleando por puestos en el Parlamento”, explicó Jacinto.