780

sospechosos de islamismo radical o yihadismo han pasado por la prisión
de Guantanamo desde 2002


“El problema con Guantánamo no es sólo su ubicación (en Cuba), sino que la prisión se ha convertido en un símbolo de negación del debido proceso (a los sospechosos)”

Los Angeles Times

Editorial

La promesa de cerrar la cárcel de la Bahía de Guantánamo que hizo el presidente de Estados Unidos (EU) Barack Obama en el 2008, al ganar las elecciones, sigue enjaulada.

Pese a la reconciliación de EU y Cuba, Washington aún tiene pendiente clausurar la prisión, que ha recibido críticas de organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Ambas naciones restauraron sus embajadas la semana pasada, pero el gobierno cubano advirtió que la verdadera normalización de relaciones no ocurrirá hasta que los estadounidenses eliminen el embargo y Guantánamo.

“Comienza ahora un largo y complejo camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales que incluye, entre otros aspectos, el cese del bloqueo y la devolución de la base naval de Guantánamo”, expresó el domingo Jorge Machado Ventura, segundo secretario del Partido Comunista de Cuba. 

Desde su creación en el 2002, durante la gestión del expresidente George W. Bush, casi 780 sospechosos de islamismo radical han pasado por la prisión y han sido víctimas, presuntamente, de tortura.

La cárcel, ubicada en el sureste de Cuba, alberga todavía a 116 reos, de los que 52 ya recibieron la aprobación necesaria para que los transfieran a otros reclusorios. 

Casi 100 de los actuales presos llevan encerrados 10 años, la mayoría sin cargos específicos. 

El gobierno de EU transfirió a otras cárceles la mitad de los 242 reos que estaban en Guantánamo cuando Obama inició su gestión. 

¿Un nuevo plan de Obama? 

La Presidencia estadounidense informó la semana pasada que trabajan en un plan para el cierre definitivo del reclusorio.

“Estamos en las últimas fases de finalización del borrador de un plan para cerrar de manera segura y responsable la prisión de Guantánamo y presentarlo al Congreso”, anunció el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.

Ante el hecho que 64 de los reos se consideran de “demasiado peligrosos” para quedar libres, la asesora de seguridad Lisa Monaco expuso a Reuters que el plan contempla la trasferencia de prisioneros a algunas cárceles de EU.

“El plan prevé que el resto de los reos que está en la base en territorio cubano sean enviados a prisiones militares en Estados Unidos para ser juzgados o mantenidos en cautiverio”, publicó la agencia noticiosa.

Aun así, se prevé que los republicanos, que controlan ambas cámaras del Congreso estadounidense, impidan el fin de la prisión.

“El pueblo estadounidense y ambos partidos en el Congreso se oponen a cerrar la prisión de Guantánamo y traer peligrosos terroristas a territorio estadounidense”, sentenció Cory Fritz, vocero del líder de la Cámara de Representantes, John Boehner. 

Una mancha estadounidense

El diario The Independent citó múltiples acusaciones en contra de las autoridades estadounidenses, como el hecho que presuntamente hay tortura psicológica contra los reos, violaciones y alimentación forzosa.

“La evidencia contra muchos sospechosos, ya sea obtenida a través de tortura o que consista de rumores, sería inadmisible en una corte civil normal, pero a nadie le importa”, escribió el analista Rupert Cornwell en el periódico británico. 

El expresidente de Uruguay, José Mujica, puso la atención del mundo en ese asunto en diciembre del año pasado, cuando acogió en su país a seis reclusos de Guantánamo.

“Una cárcel supone una sujeción a algún sistema de derecho, a la presencia de alguna fiscalía, a las decisiones de algún juez, cualquiera que sea, y de algún mínimo de puntos de referencia jurídico”, dijo entonces a El País de Uruguay.

“Pero ahí no hay nada de eso”.

Aunque Mujica y otros políticos aplauden las intenciones de Obama por remover la prisión, otros analistas se muestran escépticos al señalar que no sólo se trata de un asunto de política exterior, sino de un problema de derechos humanos.

“El esfuerzo es bienvenido, pero sólo tendrá completo éxito si la Presidencia reconoce que el problema con Guantánamo no es sólo su ubicación (en Cuba), sino que la prisión se ha convertido en un símbolo de negación del debido proceso”, publicó la semana pasada el Los Angeles Times en un editorial.