Cada día, miles de personas deciden salir de sus hogares y países de origen en busca de una vida mejor. Y aunque algunos migrantes logran su cometido de manera casi inmediata, otros tardan más en llegar a su meta.

Como los migrantes que actualmente están varados entre la frontera de Colombia y Panamá, quienes tienen el objetivo de cruzar a los países de Centroamérica para después dirigirse a México, Estados Unidos, e incluso Canadá, a pedir asilo.

Según medios locales, este problema de estancamiento se ha dado debido a la falta de transporte que hay en la frontera colombiana, y a la gran cantidad de migrantes que siguen arribando a este territorio por razones de la pandemia.

De acuerdo con el Servicio Nacional de Migración panameño, tan sólo entre enero y mayo pasado más de 15 mil migrantes llegaron a su país desde Colombia, principalmente provenientes de Haití y Cuba, así como de Chile y Venezuela.

Debido a estos números, los Ministerios de Relaciones Exteriores de Panamá y Colombia decidieron unir fuerzas no sólo para controlar la gran cantidad de personas que reciben en sus fronteras, sino para garantizarles un paso seguro, y de ese modo no vivan situaciones que perjudiquen sus derechos humanos.

Antes de que se diera a conocer esta unión bilateral, fue la ONG Médicos sin Fronteras (MSF) la que les hizo un llamado a ambos gobiernos para atender la situación, pues sus representantes en Darién, una selva panameña de camino a Centroamérica, llegaron a escuchar “relatos terribles” por parte de miles de migrantes, quienes aseguraron vivir diferentes experiencias de violencia en la zona, como robos, asaltos y agresiones sexuales.

De ese modo, fue la ministra panameña, Erika Mouynes, quien aseguró que el equipo binacional de Panamá y Colombia establecerá una fuerza conjunta, técnica y operativa, para hacer frente a los peligros del paso irregular.

Así también, la canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez, declaró que ambos países actuarán no sólo en favor de los temas humanitarios, sino para combatir asuntos como el tráfico de drogas y de personas que se llegan a registrar con el paso de los migrantes.

Al respecto, es la licenciada Adriana Carbajal, internacionalista y académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, quien comparte que este acuerdo binacional va a ser muy benéfico para poder brindarles seguridad a los migrantes, principalmente porque cruzan zonas muy complejas.

“Las zonas de Necoclí, en Colombia, y de Darién, en Panamá, son bastantes complejas en cuanto al crimen organizado; entonces, ambos países deben realizar una ruta segura para cuidar de los migrantes, además de protegerlos contra la pandemia con medidas sanitarias para que eviten un aumento de contagios”, opina.

Por otra parte, agrega que con este trabajo en conjunto se confirma que hay un cambio de perspectiva hacia los migrantes, a quienes en años anteriores se les llegaba a ver como una amenaza, y ahora desde un lado más humano.

“Eso hacía falta para que pudieran sobrevivir, porque enfrentan muchos retos, desde geográficos hasta de crimen organizado. Y ahora en conjunto poder asegurar que no estén en riesgo es una labor muy loable por parte de la comunidad internacional”, resalta la académica.

Atención a migrantes, un deber regional

Luego de que el gobierno de Panamá confirmó el trabajo que realizará con Colombia para controlar las olas migratorias, también agregó que ésta debe ser una labor regional, por lo que tendrán hoy una reunión ministerial con representantes de Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú y Estados Unidos.

Y aunque no se confirmaron los lineamientos a abordar, es el doctor Javier Urbano, profesor e investigador del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana, quien comparte que entre esos temas debería estar el establecimiento de un acuerdo regional en torno a la migración a largo y no sólo a corto plazo.

“Eso sería algo que se debería atender, no sólo temas operativos de coyuntura, sino pensar en una nueva concepción de gestión migratoria (…) Entonces, imagínate que hubiera una única norma armonizada contra la trata y el tráfico de personas en todos los países de la región, los traficantes y tratantes no se esconderían en naciones donde no haya normas contra estos delitos”, afirma.

Por otra parte, asegura que otra medida que debería plantearse es la creación de un sistema de información para la protección y atención de personas migrantes en tránsito o retorno, así como el establecimiento de una política regional que les ayude a impulsar las zonas de alta migración, donde generalmente destacan la pobreza y la discriminación.

En ese sentido, el doctor Urbano detalla que no sólo se espera que el apoyo aparezca desde Panamá y Colombia, sino desde otros Estados, pues la migración es un asunto que involucra a casi todo el Continente.

“El movimiento migratorio en América Latina es masivo y toca prácticamente a todo el Continente. Por lo tanto, todos deben entrar a un ámbito de cooperación internacional en esta materia”, dice el especialista.

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