La obesidad es otra pandemia que, pese a los esfuerzos de diferentes naciones, no logra reducir el número de personas que la padecen. Las acciones de las naciones se adecuan a las características físicas de su población; sin embargo, Chile estableció un modelo reconocido y replicado en otros países: el etiquetado frontal.

Las acciones para mitigar la obesidad, que ataca a más de más de 1900 millones de adultos de 18 o más años de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), toman relevancia, dado que, las personas que padecen esta enfermedad son más vulnerables frente al brote de coronavirus que se vive en el mundo desde inicios de este año.

El etiquetado frontal, que se aplica en Chile desde el 27 de junio de 2016, copiado en Uruguay, Perú y Ecuador, resulta ser una guía práctica para que los consumidores identifiquen nutrientes poco saludables y que causan obesidad, como azúcares y grasas saturadas.

Las etiquetas en forma de octágonos que van al frente de empaques de frituras, pastelitos y bebidas azucaradas que exceden los límites establecidos por los ministerios de salud de cada país, son una herramienta para que los consumidores ubiquen alimentos de alto contenido calórico, de grasas saturadas, azúcares y sodio.

En Chile, estos sellos de advertencia se acompañaron con otras normas que impiden la venta de alimentos poco saludables en escuelas y la regulación de publicidad de los mismos dirigida a los niños, la cual no puede contener animaciones, por ejemplo, el tigre Toño de un reconocido cereal.

“Esta es la primera ley en el mundo que regula simultánea e integradamente tres medidas que contribuyen a disminuir la obesidad y aumentar el consumo de alimentos más saludables”, dijo el ministerio de salud chileno en un documento enviado a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Los resultados de la implementación de la Ley de Alimentos en Chile apuntan a que la población redujo el consumo de alimentos poco saludables. En la evaluación, el Ministerio de Salud de Chile detalla que se redujo en 25% el consumo de bebidas azucaradas, en 17% las compras de postres envasados y en 14% la de cereales para el desayuno.

El ministerio de salud de ese país añade, que el número de madres capaz de identificar alimentos saludables aumentó 30%, además de registrar una reducción en promedio de 25% de azúcares y de entre 5 y 10% de sodio.

Autoridades de salud de Chile comparten que una consecuencia de la ley es la reformulación de los alimentos para mejorar la oferta que existe en el mercado, favoreciendo el acceso a productos sanos que en el tiempo mejoren los índices de nutrición alimentaria.

“Lo que se ve es la baja en la compra de ciertos productos, pero se cambia el consumo por otros. Los recursos que no se destinen a la compra de ciertos productos, porque la gente ahora sí va a tener información de ciertos nutrimentos, los destina a la compra de otros más saludables”, comenta Alejandro Calvillo, director general de la organización El Poder del Consumidor.

Etiquetado en Uruguay, Perú y México contra la obesidad

La organización no gubernamental Etiquetados Claros comparte que estas etiquetas son la única herramienta a la que tienen acceso los consumidores para poder conocer el contenido real de los productos procesados y ultraprocesados.

“No contar con información clara en el etiquetado que nos alerte sobre el contenido de estos productos, limita que se puedan seleccionar alimentos o bebidas saludables y en consecuencia se puede tener una mayor ingesta de calorías, azúcares, grasas y sodio que ponen en riesgo nuestra salud”, dice la ONG.

Uruguay, Perú y Ecuador aplicaron los sellos de advertencia para los alimentos procesados y algunas bebidas no alcohólicas en 2019, tal y como lo estableció la ley chilena en 2016, que busca operar como un semáforo. Colombia quiso seguir el camino de estos países, pero la iniciativa privada llegó a un acuerdo con las autoridades para que la normativa fuera “menos agresiva”.

En México, la ley para el etiquetado se aprobó en el Congreso en octubre de 2019. A diferencia de la legislación chilena, también incluye un sello en caso de que determinados alimentos excedan los niveles de edulcorantes no calóricos, que se emplean para sustituir los azúcares en los productos de denominación “ligth”.


El etiquetado frontal que se aplica en Chile es una guía práctica para que los consumidores identifiquen nutrientes poco saludables, que causan obesidad

Esta ley es motivo de disputa entre algunas organizaciones, el gobierno federal y la iniciativa privada y se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 10 de marzo y podría entrar en vigor quince días después de esta fecha.

“El etiquetado mexicano es más estricto porque parte de la experiencia en Chile, pero en ese país es más amplio porque ningún producto con advertencias se vende en escuelas y se restringe determinada publicidad para niños”, declara Alejandro Calvillo.

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