Hace sólo un par de meses, ingresar a un museo, a un bar, o a un restaurante en Francia era prácticamente sencillo. Las personas elegían su punto de reunión y entraban a estos lugares sin mayor problema ni requerimientos. Ahora, sólo podrán acceder aquellos que comprueben que han sido vacunados contra el COVID-19 y que no están contagiados por el virus. Para demostrarlo, deberán cargar consigo un certificado sanitario, el cual pueden presentar en papel o a través de una aplicación como TousAntiCovid.

Este requerimiento fue aprobado ayer por el Parlamento francés, y se espera que un par de días sea el Consejo Constitucional el que siga los mismos pasos para convertir la medida en una ley de manera oficial.

Previo a esta votación en la Cámara Alta, en Francia ya se solicitaba el certificado desde el pasado 21 de junio, pero sólo para acceder a reuniones o eventos con más de 50 personas. Ahora se incluyeron a la lista establecimientos cerrados como bares, restaurantes, museos, cines y gimnasios.

“¿De qué sirve su libertad si dicen: ‘yo no me quiero vacunar’? Si mañana contagian a su padre, a su madre o a mí mismo, yo soy víctima de su libertad cuando tuvieron la oportunidad de hacer algo para protegerlos y protegerme. Eso no es libertad, eso se llama irresponsabilidad, egoísmo”, declaró al respecto el presidente Emmanuel Macron.

Sin embargo, es la especialista en política europea y académica del Tecnológico de Monterrey, Marta Ochman, quien asegura que la implementación del certificado sanitario es indudablemente una medida autoritaria, en el sentido en el que restringe la libertad de la gente, e incluso introduce un cierto tipo de discriminación.

“Si presentas una prueba PCR que dice que no estás contagiado, no tendrían derecho de impedirte el acceso a lugares públicos, finalmente la vacunación ni siquiera detiene por sí sola la propagación del virus”, asume.

Para ella, esta propuesta también fue impulsada por parte del presidente en aras de las próximas elecciones presidenciales, a las cuales es probable que se enfrente contra Marine Le Pen, una política francesa que se ha manifestado continuamente en contra del también llamado pase sanitario.

Pero a pesar de voces como la de Le Pen, no sólo en Francia se le ha abierto la puerta al certificado, sino también en otros países europeos. Como en Italia, donde a partir del próximo mes se solicitará el pase a toda la gente que desee acceder a establecimientos cerrados.

El argumento del gobierno italiano, así como del francés, es que con esta medida los comercios locales no cerrarán, además de que se impulsará aún más el número de personas vacunadas en sus respectivos territorios.

En otros países del bloque europeo, el pase aún no es obligatorio, pero sí se requiere  para viajar por toda la Unión, una medida que se aceptó desde el pasado 1 de julio.

“A diferencia de Francia, espero que el resto de los gobiernos europeos sean más prudentes para impulsar la vacunación, porque si lo hacen de la misma manera, vamos a ver muchas más protestas”, comenta la maestra Ochman, haciendo referencia a las manifestaciones que se registraron el pasado fin de semana en París en contra de la aprobación del certificado.

Reforzar las ventajas ante el certificado sanitario

Hasta el momento, Francia es el único país que más cerca está de establecer obligatoriamente el certificado sanitario, presionando de ese modo a acelerar su programa de vacunación nacional.

Sin embargo, aún existen otras vías para convencer a la gente de aplicarse la dosis contra el coronavirus.

En entrevista, el doctor Víctor Francisco Olguín, internacionalista y académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, opina que lo más importante es que las autoridades fomenten la información en torno a la pandemia y la importancia de la vacunación.

En ese sentido, asegura que una opción para aumentar la aplicación de las dosis es crear debates informativos para que todas las voces sean escuchadas y sólo así las personas tomen una decisión.

“Deberían fomentar más el debate, la discusión pública y transparente, escuchar las voces de especialistas, de autoridades, de personal médico, para que la gente se concientice”, admite.

Así también, es la maestra Marta Ochman quien destaca que finalmente es la promoción de la información, como dar a conocer las ventajas de las vacunas y las consecuencias de no aplicarlas, lo que hace a una sociedad democrática.

“Actualmente hemos sabido de personas escépticas en torno a la vacuna, y es comprensible, tienen derecho a sospechar, a cuestionar. No es malo, pero para acabar con eso, creo que lo más sano es abrir una conversación”, agrega por su parte Olguín.

De ese modo, se espera que no sólo en Francia se siga informando a sus ciudadanos en torno a la pandemia y el valor de las dosis, sino también en el resto de los Estados de la Unión Europa para así evitar obligarlos a mantenerse a salvo.

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