Desde el descubrimiento del COVID-19 hace dos años en Wuhan, China, los gobiernos de todo el mundo no dudaron en implementar distintas medidas para proteger a sus respectivos ciudadanos. Sin embargo, algunos avanzaron más que otros. Como Australia y Nueva Zelanda, donde sus continuas reglas de confinamiento y cuidados sanitarios los han llevado a ser hoy en día dos de los Estados con menos contagios y muertes en todo el mundo.

Tan solo el pasado viernes 16 de julio, mientras que en el territorio neozelandés se registró que habían dos mil 803 casos y 26 muertos, en el australiano 31 mil 629 contagios y 912 fallecidos, mil 500 menos que en El Salvador, por ejemplo, donde su población es incluso menor que a la de Australia.

Al detectar estos números, distintos gobiernos a nivel internacional han reconocido el trabajo de ambos países. Como el presidente de Estados Unidos, Joe Bien, quien le confesó a la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, que había estado protagonizado un gran trabajo al frente de la pandemia.

Entre las labores que ha implementado la ministra, destaca el aislamiento estricto, sobre todo en las ciudades o regiones con más índices de contagio; permitir viajes sólo a territorios vecinos con pocos casos y fallecidos, como Vietnam o Corea del Sur; rastrear a las personas infectadas; solicitar dos pruebas de PCR; y estudiar el comportamiento del virus en otros países.

Estas medidas también fueron llevadas a cabo en Australia, donde además sumaron mensajes en favor de la vacuna contra el nuevo virus y destacaron las ventajas del confinamiento a través de todos sus medios de comunicación.

De acuerdo con el maestro Óscar Abad, especialista en diplomacia y Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, aunque estas reglas han sido estrictas si se diferencian a las de otras naciones, eso sólo habla bien de sus respectivos gobiernos, porque desde un inicio no buscaron controlar los contagios, sino erradicarlos.

“Esto es algo que desafortunadamente no hemos visto en países como México o Estados Unidos, porque nuestros gobiernos están mucho más preocupados en accionar o improvisar a lo que va aconteciendo, y ellos buscan la erradicación completa”, dice.

Asimismo, la maestra Norma Soto Castañeda, internacionalista y académica de la Universidad La Salle, agrega que otro de los puntos que se han hecho bien en Australia y Nueva Zelanda es que sus líderes políticos tratan de hablar siempre con la verdad, no esconden los casos de muertes y contagios, además de que dejan en claro cuáles son las consecuencias de una enfermedad como esta.

Por otra parte, agrega que, aunque no era el principal objetivo de sus representantes, con los resultados que han tenido se han ganado la popularidad de la gente, pues las personas se dan cuenta que sus acciones son porque están velando por su bienestar y no para perjudicarlos.

“Si yo como ciudadano estoy viendo que mis gobernantes están dando buenos resultados, por supuesto que los seguiré apoyando independientemente del partido en el que se encuentren”, detalla Soto Castañeda.

Los retos de Australia y Nueva Zelanda

Pero a pesar de que Australia y Nueva Zelanda son actualmente dos ejemplos internacionales ante la pandemia, también es cierto que han tenido que enfrentarse a múltiples desafíos.

Entre esos retos, destaca sin duda el poco desarrollo económico, un aspecto que ha disminuido debido a la poca interacción que han tenido con sus socios del extranjero y al descenso del turismo, uno de sus principales sustentos.

Óscar Abad, académico de la UNAM, subraya al respecto que, aunque por ahora el uso de las tecnologías han ayudado a controlar este aspecto en ambos territorios, no habrá ningún cambio relevante si otros Estados no mejoran su situación.

“Está claro que ellos no pueden vivir por siempre en una burbuja, tarde o temprano deben  tener interacciones internacionales si aspiran a recuperar la normalidad económica que se tenía; sin embargo, eso sólo va a pasar en la medida en que el resto de los países sigan el mismo sendero”, añade Abad.

En ese sentido, se espera que otros gobiernos intenten copiar los métodos que se han ejecutado en Nueva Zelanda y Australia, con el fin de que juntos avancen hacia una recuperación sanitaria y económica.

 “Todos los demás países deberíamos tomar el ejemplo de estas medidas estrictas y seguir trabajando y estudiando desde casa hasta no lograr un nivel óptimo. No debemos apresurar el hecho de volver a la normalidad por el costo de las muertes que se pueden generar”, señala finalmente la maestra Norma.

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