Adiós, mi rey

En plena crisis económica, en medio de una campaña desvergonzada en la que se acusa a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades  y se les pide “apretarse los cinturones”, los españoles se enteran de la noticia de que el rey Juan Carlos se fue a cazar elefantes a Botswana.

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El Nieto del rey se dispara. Juan Froilán de Borbón, de 13 años, se dispara accidentalmente con una escopeta. El manejo de armas en España, está prohíbido para menores de 14 años.

En plena crisis económica, en medio de una campaña desvergonzada en la que se acusa a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades  y se les pide “apretarse los cinturones”, los españoles se enteran de la noticia de que el rey Juan Carlos se fue a cazar elefantes a Botswana.

La indignación no se hizo esperar. Por primera vez en  la historia de la monarquía  española los medios se hicieron eco de las voces que claman en contra de la Corona. Éstas tenían ahora más argumentos que nunca.

La fotografía que circuló por el mundo hizo recordar a los españoles el discurso navideño del pasado 24 de diciembre en el que el monarca afirmó que todos los españoles son iguales.

Pero un safari para cazar elefantes cuesta alrededor de 39 mil dólares, sin contar los 32 mil dólares por escopeta, lo que no es, desde luego, una práctica común. Por no entrar en la controversia ética y moral que suscita.

Para aumentar la absurdidad del asunto, el rey es presidente honorífico de la ONG ecologista WWF, una de las más importantes de España.

Pero esto es sólo la punta de un iceberg. Primero, fue el escándalo de Iñaki Urdangarín, Duque de Palma y yerno del rey.

El esposo de la Infanta Cristina fue acusado por posible fraude a la administración, malversación de fondos públicos, falsear documentos y blanqueo de capitales de unos 22 millones de dólares.

Con esto se abre el caso Palma Arena, donde se investiga la gestión corrupta y el presunto enriquecimiento personal de la Administración balear.

El primero en caer fue Jaume Matas, presidente de las Islas Baleares entre 1996 y 1999 y entre 2003 y 2007. Matas fue condenado a seis años de cárcel por fraude, prevaricación, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito.

Por si fuera poco, en medio del proceso judicial abierto por este primer escándalo, su esposa, la Infanta Cristina, recibe un trato distinto a la de la esposa de otro de los imputados, Diego Torres.

Mientras que la infanta no fue llamada a declarar por no “estigmatizarla gratuitamente”, a Ana María Tejeiro, en una situación muy similar a la de Cristina, no se le concedió ese privilegio real.

El siguiente descalabro se produce hace apenas dos semanas. El nieto mayor del rey, Felipe Juan Froilán, de 13 años, se dio accidentalmente un tiro en el pie mientras estaban cazando en una finca en Soria.

En esa ocasión, la reina declaró a los medios que “con los niños pasan estas cosas” pero omitió que un niño menor de 14 años, según la ley española, no tiene permiso para manejar armas.

Los sucesos anteriores han golpeado como nunca la credibilidad y el prestigio del rey Juan Carlos.

Pareciera que el rey emula a su nieto al propinarse un disparo en el pie, aunque de manera metafórica, con sus escándalos o con los de sus familiares.

Víctima de sus propias contradicciones, el rey podría haberse planteado abdicar. En lugar de eso, optó por pedir perdón y prometer, como un niño pequeño, que no volvería a ocurrir. Para algunos medios, la respuesta pareció repararlo todo. Pero ese tipo de escándalos no se borra fácilmente. Ya lo dice el refrán: “cría fama y échate a dormir”.

Los méritos que algunos reconocen al monarca por su papel en la transición española ya quedan demasiado lejos. El sentido de la institución ha sido puesto en duda. Y como escribió Rosa Montero en El País, “sí podemos cambiar a este Borbón: que se vaya”.