América Latina vive una ola de movimientos sociales y actos de protesta que se han avivado en los últimos meses pese a la pandemia, que ha puesto en el foco la desigualdad social que viven los diferentes países.

Las manifestaciones no son precisamente por las mismas razones de raíz, sin embargo tienen en común el hartazgo por la inseguridad y la corrupción, demandas que son prioritarias en los movimientos que se han presentado en Honduras o Colombia.

Estos actos de protesta no son los únicos que se han registrado en los últimos meses. También se han visto en Chile y Brasil, en donde el corazón de los movimientos es la búsqueda de un cambio político en el aparato gubernamental.

Algunas de las movilizaciones sociales iniciaron el año pasado y debido al inicio de la emergencia sanitaria entraron en pausa para evitar contagios, sin embargo han vuelto a surgir ante la falta de apoyos gubernamentales, acceso a servicios de salud y el paro de la economía que ha afectado en mayor proporción a quienes perciben menores ingresos.

Al respecto, la maestra Anna Karla Uribe Escalante, especialista en América Latina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenta que con mayor frecuencia la desigualdad es un tema que se ha politizado, y la región es la más desigual a nivel global, lo que convierte esto en un tema central de las movilizaciones.

“Cada vez hay más involucramiento de la sociedad, porque la pandemia lo que demostró es que el Estado al final es el financiador de los bienes colectivos y entonces es necesario demandar que gestione la crisis”, declara la académica de la UNAM.

Guatemala es en donde se viven los más recientes actos de protesta, los que iniciaron el pasado 21 de noviembre, después de que el Congreso aprobara la propuesta del presupuesto del gobierno para el próximo año que consideraba recortes importantes en salud y educación.

Durante el primer día de la jornada de protesta, los activistas tomaron y prendieron fuego a la sede del Congreso, ubicada en la Ciudad de Guatemala. En los días consecutivos la violencia y la respuesta por parte del gobierno han ido en aumento, incluso hay reportes de jóvenes que perdieron un ojo y decenas de heridos por el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía.


Las manifestaciones tienen en común el hartazgo por la inseguridad y la corrupción

Entre las demandas de las últimas protestas está la exigencia de la renuncia del presidente Alejandro Giammattei, cuya aprobación es del 30 por ciento, de acuerdo con un sondeo divulgado por la consultora Mitofsky en julio.

Estos actos de violencia también se han presentado en Honduras, que ha tenido más de 600 movilizaciones durante el confinamiento, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Debido al uso de la fuerza durante las manifestaciones que iniciaron en septiembre con la conmemoración de su independencia, y que hasta la ahora se han realizado con menor participación, diversas organizaciones de derechos humanos han lanzado recomendaciones al gobierno de Juan Orlando Hernández.

Los colombianos tampoco se han quedado atrás. En el país los grupos de activistas llamaron a un paro nacional el 21 de noviembre, en tanto agrupaciones sindicales y estudiantiles han reprobado la respuesta del presidente Iván Duque a la pandemia.

Chile, que el año pasado vivió intensas movilizaciones que iniciaron con las protestas estudiantiles por el aumento en el costo del boleto del Metro, también ha vivido jornadas de protestas, en algunos de los casos organizadas desde redes sociales dado que el movimiento no tiene líderes, lo cual también es un acto de rechazo a su estructura política.

“Otro factor que creo que juega un papel central en estas nuevas movilizaciones sociales es el poder de convocatoria que tienen hoy en día las redes sociales. Al final son redes movilizadoras y lo que se ve nuevo es el involucramiento de jóvenes que están altamente politizados”, opina la académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán.

Enfrentamientos en la protesta, Herencia latina

La respuesta de los gobiernos a las protestas en cada uno de los países ha sido poco distinta, los gobiernos han lanzado a la policía a controlar los motines, que han terminado en enfrentamientos violentos, con heridos y en algunos casos, hasta reportes de desaparecidos.

Es por ello que a la par de las peticiones de carácter social se ha sumado la renuncia de líderes que son considerados como autoritarios. Aquí también entraría el caso de Jair Bolsonaro, presidente del país, quien ha logrado polarizar a la población, y además ha sido señalado como un promotor del racismo y la homofobia.

En este sentido, Anna Karla Uribe Escalante declara que los países de América Latina tienen en la memoria que emergieron de las dictaduras y por ello se presenta un descontento frente al resurgimiento de figuras autoritarias.

Es por ello que la académica prevé que la región ha dado los primeros pasos hacia un cambio estructural, que da fin al ciclo de gobiernos que llegaron después del fracaso de los líderes progresistas en la región.

Tenemos el caso de Guatemala, el chileno, el de Colombia en donde la respuesta a las manifestaciones ha sido bastante autoritaria por parte de los Estados latinoamericanos para reprimir la movilización social”, opina la especialista.

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