80%
de los encuestados que votaron a favor del Brexit, se mostraron ‘fuertemente a favor’ de ‘confiar en la sabiduría de la gente normal por encima de la opinión de expertos’
Me parece evidente que la Unión Europea será incapaz de firmar un acuerdo internacional, incluso con un país con valores tan europeos como Canadá” 
Chrystia Freeland, ministra de comercio
de Canadá

CETA: primer baja del proteccionismo

 

En teoría, el liberalismo económico y los valores democráticos tienden a converger. Sin embargo, esta semana, el rechazo de la región de Wallonia, Bélgica al Acuerdo Económico y Comercial Global  (CETA, por sus siglas en inglés) puso de relieve el creciente descontento de la clase trabajadora frente a las élites y a las políticas públicas que favorecen el libre comercio. 

 

La negativa de esta región fue suficiente para echar atrás un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá que pretendía eliminar el 98 por ciento de las tarifas comerciales. Bélgica, el 

único país que se encontraba bloqueando el acuerdo, necesitaba de la aprobación del congreso regional de Wallonia para dar su visto bueno al CETA. 

 

Pese a la fuerte presión de grupos nacionalistas para reducir la influencia del gobierno supranacional de Bruselas en la toma de decisiones de la Unión Europea, patente en el referéndum de Reino Unido para salir del grupo (Brexit), el fracaso del CETA muestra que las minorías democráticas aún cuentan con un poder de decisión significativo. 

 

El tratado ha enfrentado una férrea oposición. Sus detractores europeos advierten que representa un caballo de troya para el TTIP, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que ha sido referido, junto con el TPP, como el eje central del legado comercial de la administración de Barack Obama, presidente de Estados Unidos. 

 

Chrystia Freeland, ministra de comercio de Canadá, declaró: “Me parece evidente que la Unión Europea será incapaz de firmar un acuerdo internacional, incluso con un país con valores tan europeos como Canadá”. 

 

El fin de los tecnócratas

 

El costo y el legado económico de la crisis financiera de 2008 es evidente. No obstante, el efecto político se manifestó casi una década después. El Brexit, el auge de los movimientos nacionalistas europeos y la candidatura del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, son resultado directo de este fenómeno, según argumenta el consenso de analistas. 

 

La clase trabajadora de las economías avanzadas representa el grupo de la población global que presentó el menor avance en términos de ingreso en las últimas tres décadas, cuando se inició un proceso de apertura y liberalización generalizada. 

 

Esto se ha reflejado en un sentimiento negativo hacia las élites, grupos de tecnócratas que han dirigido la economía global tomando como base los principios del  libre comercio y el conservadurismo fiscal. 

 

Este mes, el semanario The Economist publicó una encuesta que realizó a quiénes votaron a favor del Brexit. Más del 80 por ciento de los encuestados se mostraron “fuertemente a favor” de “confiar en la sabiduría de la gente normal por encima de la opinión de expertos”. 

 

La alerta del peso

 

El peso se ha convertido en un termómetro de volatilidad en los mercados financieros. La potencial alza de tasas de interés por parte de la Reserva Federal, el proceso electoral de Estados Unidos y el incremento del riesgo emergente se han reflejado en una marcada depreciación del peso frente al dólar en el último año. 

 

La moneda mexicana es la segunda divisa emergente más operada, lo que la vuelve susceptible a ser utilizada como instrumento de cobertura por los inversionistas globales. 

 

Pese a que las probabilidades de que Donald Trump gane las elecciones presidenciales de Estados Unidos se han reducido dramáticamente, los analistas no auguran un regreso del tipo de cambio del peso frente al dólar a niveles de hace dos años. 

 

Las políticas comerciales en Estados Unidos continuarán siendo una interrogante aún si gana Hillary Clinton, la candidata demócrata, quién se ha manifestado en contra del TPP. 

 

En ese sentido, se espera que la trayectoria del peso sea definida en gran medida por la percepción del mercado respecto a la postura que tomará la nueva administración estadounidense en materia comercial. 

 

El 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se destinan a Estados Unidos, argumento central del Instituto Peterson de Economía Internacional para señalar que la economía mexicana “está secuestrada por la volatilidad estadounidense”.