Es el fundador de una de las empresas más legendarias de Silicon Valley, pero no es un ingeniero de una universidad importante, sino un emprendedor que inició hackeando computadoras y que hoy en día organiza las fiestas más espectaculares del área. Es Sean Parker, gurú de la música y tecnología.

Joven programador

Parker inicio su incursión en el mundo de la computación  desde muy joven, pues su padre, jefe de oceanografía en una oficina de gobierno, lo enseñó a programar un videojuego Atari. 

Su pasión por la programación lo llevó a hacer cosas ilegales. A sus 16 años fue arrestado por el FBI tras hackear el sitio de una importante empresa. 

Dos años más tarde, fue reclutado por la CIA.

Napster

Quizás por lo que más es conocido Parker es por haber fundado Napster, la página de Internet que puso en jaque a toda la industria disquera con su innovadora manera de compartir archivos gratis. 

Napster fue cerrada por violaciones a derechos de autor, pero Parker se mantuvo como una celebridad desde entonces.  

Fiestas legendarias

Parker también es conocido en Silicon Valley por las fiestas que organiza.

Para celebrar un logro de Facebook, gasto 1 millón de dólares en una fiesta que incluía shows de Snoop Dogg y The Killers. Además de barra libre y todo un bufete de langostas, cerdo y sushi preparado por un equipo de chefs internacionales. 

Visión a largo plazo

El joven no se detuvo con sus problemas legales, pues tras descubrir a Facebook cuando estaba todavía en sus inicios, se acercó al joven Zuckerberg e invirtió dinero y se hizo presidente de la empresa. 

El éxito de Facebook lo hizo millonario. Su casa, que tiene vagones de tren reales en Manhattan, está valuada en 20 millones de dólares.

En las películas

Un personaje tan excepcional no podía pasar desapercibido a la cultura popular. En la película “Red Social” Parker es interpretado por Justin Timberlake. Inmediatamente alegó que en el filme se le caracteriza como alguien que no es, pues lo hacen parecer como “un humano moralmente reprensible”. 

Sin embargo, también acepta que “es difícil quejarse de haber sido interpretado como un símbolo sexual”.