Los planes para que en un futuro no muy lejano el turismo espacial sea un negocio rentable, la exploración con la idea de habitar otros planetas en manos de empresas privadas o el surgimiento acelerado de startups interesadas en poner en órbita satélites para el manejo tecnológico en todo tipo de sectores económicos, podrían provocar problemas de congestión o incremento en los desechos espaciales que deriven en serios riesgos.

Este “tráfico” espacial ya está siendo calificado como uno de los riesgos más severos a escala global, de acuerdo con el Reporte de Desafíos Globales 2022 elaborado por el Foro Económico Mundial.

El reporte señala que si bien la actividad espacial ha sido encabezada y financiada por el sector público, la última década se ha registrado una creciente inversión privada.

“Los nuevos participantes comerciales están interrumpiendo el control de los titulares tradicionales en la prestación de servicios satelitales, especialmente en comunicaciones relacionadas con internet o servicios de lanzamiento. Algunos gobiernos están alentando la actividad espacial privada para promover reclamos ‘territoriales’ nacionales o para fomentar el desarrollo de trabajos de alto valor, especialmente en la zona de órbita terrestre baja u órbita terrestre media, así como mejorar su presencia orientada a la defensa”, detalla el reporte publicado esta semana.

Bajo este escenario preocupa el riesgo de tráfico, el aumento de los desechos y la posibilidad de colisiones en un ámbito con pocas estructuras de gobernanza para mitigar nuevas amenazas.

Tanto empresas como startups y entidades de investigación han tenido éxito al tratar de financiar iniciativas de exploración espacial, lo que ha provocado la reducción de los costos en los sistemas de lanzamiento, particularmente en zonas de órbita terrestre baja. Además, satélites pequeños y de bajo costo están proliferando debido a menores barreras de entrada.


“Los costos más bajos brindan más oportunidades para que una mayor diversidad de actores lancen constelaciones de satélites más pequeños. Con este acceso más rentable al espacio, la atención se desplaza cada vez más hacia nuevas oportunidades en áreas como la teledetección hiperespectral, la generación de energía, manufactura, minería y turismo.”

Foro Económico Mundial

Esta diversidad de actores operando en el espacio podría generar nuevas fricciones y exacerbar otras que ya existían, lo que agravaría las tensiones internacionales.

Además, advierte que, desde 1957 con el Sputnik 1, se han lanzado 11 mil satélites, pero en las próximas décadas se podrían integrar 70 mil más si se cumplen los planes presentados. Lo que aumenta las posibilidades de colisiones, al menos, la necesidad de realizar maniobras de emergencia para evitar el contacto.

“La gran mayoría de estos nuevos satélites planificados y aprobados serán lanzados por un puñado de operadores que tendrán una influencia cada vez mayor sobre el panorama regulatorio”, explica el reporte, que además advierte que una vez en órbita –a menos que se desmantelen activamente– muchos de estos satélites podrían permanecer ahí durante cientos de años.

Uno de los daños que ya se han registrado debido a esta problemática es el de la Estación Espacial Internacional en mayo de 2021, cuando una pieza de escombros penetró en un brazo robótico. Dichos accidentes se han documentado durante décadas pero el reporte advierte que se pueden volver de mayor importancia.

“Las estimaciones ponen el número actual de piezas de escombros más pequeñas (más un centímetro de tamaño) en casi un millón, mientras que los objetos más grandes de más de 10 centímetros se cuentan por miles. Sin embargo, brindar servicio orbital y remoción de escombros podría ayudar a aliviar algunas de las peores consecuencias. El seguimiento de los escombros es una herramienta fundamental para prevenir colisiones o daños, pero tendrá que volverse cada vez más sofisticado para mantener la confiabilidad en un ámbito más congestionado”, recomienda el Foro Económico Mundial.

Advierte además de la necesidad de reglas internacionales actualizadas respecto a la actividad espacial, toda vez que en los últimos años han surgido pocas herramientas de gobernanza eficaces, que atiendan las nuevas realidades y con ello evitar que aumente el riesgo de posibles enfrentamientos. Hasta el momento el más relevante de los acuerdos espaciales es el Tratado del Espacio Exterior, que se concluyó en 1967 a través de la Oficina de Asuntos del Espacio Exterior de las Naciones Unidas (UNOOSA, por sus siglas en inglés).

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