La disputa corporativa continúa en el consejo de administración del consorcio energético Repsol.  Pemex, dueño del 9.4 por ciento del capital de la empresa española, enfrentó un revés para sus intereses tras la aprobación de nuevos estatutos durante la junta del consejo de Repsol del martes pasado.

Antonio Brufau, presidente ejecutivo de la petrolera española, ha blindado a la empresa de los intentos de Pemex de dividir la operación de Repsol y cambiar la dirección ejecutiva. El nuevo reglamento estipula que una posible escisión de la compañía requiere de la ratificación de 75 por ciento de los accionistas con derecho a voto. Los cambios estatutarios también buscan evitar que los miembros del consejo promuevan gestiones individuales con terceros. Esta disposición hace una referencia implícita al papel que jugó Pemex en la negociación de compensación con YPF.  

Antonio Brufau busca mantener las críticas de Pemex a su administración dentro de los pasillos de Repsol. La nueva redacción de los estatutos exhorta a sus consejeros a expresar sus puntos de vista y discrepancias dentro de los foros del junta de administración y no a través de la opinión pública.

El presidente de Repsol no se ha quedado cruzado de brazos. El ejecutivo catalán ha consolidado un frente común contra Pemex en la junta de Repsol.  La Caixa, Sacyr y el fondo Temasek, accionistas del consorcio petrolero, han respaldado prácticamente todas las decisiones de Antonio Brufau. El apoyo es tal que existe un acuerdo tácito para que Repsol compre la participación de 9.5 por ciento de Sacyr, en caso de que ésta tenga que vender sus acciones para enfrentar latentes problemas financiero internos.

El ángulo de Pemex

Pemex busca obtener un beneficio estratégico de la alianza entre las petroleras. La intención de Pemex es separar a Repsol en dos: una división destinada a la exploración y producción, y otra dedicada a la refinación y comercialización. Antonio Brufau ha defendido constantemente el modelo de mantener integrados todos los negocios.

La paraestatal mexicana pretende obtener el control de la división de exploración y producción con el fin de promover operaciones en aguas profundas del Golfo de México. La reforma energética mexicana le abre este camino a Pemex, cuya producción ha venido a la baja. Las exportaciones petroleras de México presentaron un descenso de casi 16 por ciento respecto del año pasado, según datos de la balanza comercial publicada ayer por el Inegi.