50,000

barriles de petróleo crudo equivalente al día es la producción promedio anual mínima requerida como experiencia en algún proyecto de aguas profundas de los últimos cinco años para participar en la convocatoria del bloque 1


Tenemos que entender que lo que es bueno para la comunidad es realmente bueno para los negocios” 

Michael Porter

Académico estadounidense

A finales del mes pasado, los reguladores energéticos dieron a conocer las bases de la licitación para el campo Trion, el bloque 1 de la ronda 1.4.  Ésta representa la primera migración con socio de las asignaciones para exploración y extracción de Pemex en aguas profundas mediante la figura de cesión de derechos, farm out.

 

La complejidad operativa de este campo, que de acuerdo a Pemex cuenta con reservas probadas, probables y posibles (3P) de 485 millones de barriles de petróleo crudo equivalente; pone de relieve la necesidad de firmas con experiencia y capacidad para operar proyectos de aguas profundas. 

 

Se estima que la inversión necesaria para desarrollar este campo es de alrededor de 11 mil millones de dólares en un periodo de 15 años.  Esto explica la lógica detrás del concepto del farm out, en el que Pemex compartirá riesgos y costos con sus socios.

 

No obstante, la firma mexicana no fungirá como operador en este proyecto, de modo que la convocatoria de la CNH se ha limitado a socios potenciales que cumplan con el siguiente perfil:

 

En primera instancia, la empresa deberá acreditar capacidad en proyectos de aguas profundas con un promedio de producción anual igual o mayor a 50 mil barriles de petróleo crudo equivalente diarios entre el 2011 y el 2015.

 

Por otra parte, también se deberá comprobar la experiencia de la firma en temas de seguridad industrial y protección ambiental. Finalmente, la convocatoria requiere que la firma interesada cuente con un capital contable de al menos 5 mil millones de dólares y activos totales de 25 mil millones de dólares.

 

El marco regulatorio deja claro qué tipo de empresas se buscan para el desarrollo de la licitación más importante de la apertura energética, aquella que motivó al semanario The Economist a referirse a la reforma como “la nueva revolución mexicana.”