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meses ha durado la actual expansión económica de Estados Unidos, muy por encima del promedio de la posguerra de 57 meses
“La idea de que el bajo crecimiento es únicamente una consecuencia temporal de la crisis financiera de 2008 resulta absurda. (...) Una economía global cuya velocidad se acerca a cero es aquella en la que una recesión significa el riesgo principal”
Lawrence SummersEx secretario del Tesoro de Estados Unidos y ex jefe de asesores económicos del presidente Barack Obama
https://www.youtube.com/watch?v=UIwPNo3_nI4

Entre los mercados desarrollados Estados Unidos sigue siendo el rey gracias a su continua, aunque moderada, recuperación económica. 

En contraste con el desempeño estadounidense, Europa no logra salir del estancamiento, Japón sigue viviendo bajo el espectro de la deflación, y Canadá y Australia han sido golpeados por el colapso en los precios de las materias primas y se han hundido en recesiones. 

Sin embargo no todo pinta bien para la economía estadounidense. 

En su mercado laboral siguen existiendo señas de subocupación y de desempleo de largo plazo, y la tasa de inflación sigue distando por mucho del objetivo oficial de 2 por ciento fijado por la Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense. 

Además, la inestabilidad y desaceleración económica en otros países han resultado en un incremento en la volatilidad financiera y en una reducción en los pronósticos de crecimiento estadounidenses.

A esto hay que agregar que la evidencia histórica señala que una recesión podría estar en el horizonte para Estados Unidos. 

Según datos de la Oficina Nacional de Investigación Económica de ese país, el actual ciclo de expansión económica estadounidense ya es casi dos años más largo que la duración promedio de éstos durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Una encuesta de economistas realizada por Bloomberg asigna un 15 por ciento de probabilidades a que Estados Unidos entre en recesión en alguno de los próximos 12 meses. Esta probabilidad asignada es la más alta desde octubre del 2013 en la misma encuesta.

Fed dividida

Esta perspectiva dividida, entre una consolidación de la recuperación estadounidense o una recesión en ciernes, se ve reflejada en las autoridades de política monetaria de la Fed, que no parecen ponerse de acuerdo respecto a cuándo sería apropiado alzar su tasa de interés de referencia.

La expectativa de esta alza, la primera desde el 2006, ha generado fuertes fugas de capital en los países emergentes y ha incrementado la volatilidad en los mercados financieros.

Cuatro de los 10 miembros del comité de política monetaria de la Fed han declarado su oposición a que el alza se realice en 2015, citando la reciente debilidad y riesgos externos como la desaceleración de China. 

Lael Brainard y Daniel Tarullo, gobernadores de la Fed, se encuentran entre quienes temen que un encarecimiento del crédito apague la recuperación estadounidense justo en un momento en el cual los datos señalan su debilitamiento.

Sin embargo autoridades como Janet Yellen, presidenta de la Fed, y Stanley Fischer, su vicepresidente, han continuado pronosticando públicamente un alza antes del cierre del 2015, ya sea durante su reunión de octubre o la de diciembre.

Esta división ha reducido la confianza que los mercados tienen en la Fed, lo cual ha resultado en una reducción de la probabilidad asignada a un alza para este año. Los mercados de futuros sugieren que hay un 70 por ciento de probabilidad de que la Fed retrasará el alza hasta el 2016.

México: el efecto colateral

La narrativa económica del 2015 ha estado marcada por una desaceleración del crecimiento global. La nueva normalidad se extendió a la mayoría de los países emergentes mediante una menor demanda derivada de una baja en el dinamismo económico de China y Europa.

No fue el caso de México, cuya exposición a estos mercados es menor que el resto de las economías emergentes. En cambio, su dependencia del desempeño económico de Estados Unidos se reflejó en una mejora en la percepción de crecimiento nacional.

Sin embargo, mientras la falta de datos contundentes al norte de la frontera desvanece la perspectiva de recuperación, México comienza a resentir los efectos de una desaceleración estadounidense.

El sector automotriz suele ser considerado como la joya de la corona de la economía mexicana: sus altas tasas de crecimiento y productividad la han vuelto un receptor natural de inversión extranjera directa.

En julio, por primera vez desde la recesión de 2009, el sector registró una caída en la producción automotriz. 

En agosto, las exportaciones de automóviles a Estados Unidos cayeron 0.3 por ciento, dato que contrasta con el avance promedio mensual de 1.13 por ciento del último año.